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Un socialismo nostálgico

Los españoles tendrán que convencerse de la necesidad de vivir juntos y de soportarse a pesar del odio político. Si lo hubiesen comprendido a tiempo, nos habríamos ahorrado todos estos horrores” (Manuel Azaña, 12.7.1937).

      A veces la luz para comprender ciertas incógnitas brilla en el punto más insospechado. La  lectura de una biografía de una ilustre personalidad del tardofranquismo y la Transición me ha facilitado la clave de comprensión de la desgracia política que supone para España que el socialismo español, representado por el partido fundado por el tipógrafo Pablo Iglesias, sea, en pleno siglo XXI, un socialismo anclado en la nostalgia.

          Gracias a la determinación de Felipe González, el PSOE se desprendió de una hipoteca en el XXVIII Congreso (1979): la definición de marxista como partido de izquierda. Ello hizo que el socialismo español del último cuarto del siglo XX se convirtiera en un partido socialdemócrata homologable a los de la Europa libre, lejos del mito marxista.

        Sin embargo, el socialismo andaluz, también el extremeño, y, sobre todo, el socialismo representado por Rodríguez Zapatero (Ley 52/2007, de Memoria Histórica) arrastra, inexplicablemente, la herencia de un partido beligerante en la Guerra Civil y perdedor de ella. Este socialismo nuestro cae hoy en el error de recrudecer la mirada rencorosa, la mirada nostálgica, hacia atrás.

      Desde el ‘zapaterismo’, es como una frustración que envuelve y domina el marco mental de este partido y condiciona sus políticas convirtiéndolas en pura ideología. En las políticas, en los debates y programas socialistas hay una especie de carga ideológica que milita en pro de  debilitar los cimientos de la Transición. Prejuicio ideológico que le lleva a deslegitimarla, tergiversando la verdadera razón de esa ejemplar operación de consenso cuyo objetivo y fruto fue la reconciliación de “las dos Españas”.

      Es así que el actual socialismo cultiva un discurso beligerante -y de rechazo- contra la derecha democrática, tildándola, cuando menos, de franquista.

      Hoy el PSOE es aún un partido al que le subyugan los terribles acontecimientos políticos de los años 30 del pasado siglo. En primer lugar, admira una República caótica, hoy, incomprensiblemente, mito y leyenda. En segundo lugar, sublima figuras señeras de socialistas (las conocidas “dos almas del partido”) pero de trayectoria polémica, como Indalecio Prieto y Largo Caballero, Araquistáin y Negrín. Se apodera también del diverso y dramático exilio republicano. Todo ello el socialismo de nuestros días lo resucita, activa y pule en pleno siglo XXI.

       Lo que no podíamos imaginar es que en 2020, a noventa años del 14 de Abril, a ochenta y cinco del inicio del bárbaro conflicto civil, a cuarenta y cinco de la muerte del general Franco y cuarenta y tres de democracia, la vena nostálgica del PSOE brotara con vigor y se erigiera en el principal ‘leit motiv’ de la acción gubernamental del ‘sanchismo’, esa peculiar encarnación del socialismo en la persona de Pedro Sánchez.

      Llama la atención poderosamente que el sector socialista de la actual coalición gubernamental reduplique una política memorialística y reaccionaria, de ajuste de cuentas con el pasado, revisándolo todo, magnificando las dudosas páginas donde el socialismo español pueda envanecerse, y condena y denuesta al otro bando sin apercibirse que  ambos fueron enemigos y contendientes entre sí. Tanto monta.

       Las dos facciones, “las dos Españas”, están deslegitimadas para darse lecciones la una a la otra, sean las que sean. Justamente, la Transición apostó por superar esa antítesis histórico-política perniciosa. Por lo expuesto hasta aquí, creemos que el socialismo español es hoy un partido nostálgico que se aleja de la posmodernidad y el progreso.

       Todavía figuran machaconamente como insulto -sorprendentemente fresco y lozano- en el vocabulario político español al uso, las voces “fascista”, “facha” y “franquista”. Lo desconcertante es que, quienes dirigen esos pretendidos improperios y a quienes se les señala con ellos, pertenecen a una generación nacida en libertad y democracia, y, por tanto, no han conocido la era de Franco (en la que hubo de todo) más que por los libros de Historia.

     Es una particularidad de la democracia española y del socialismo español que gobierna (mejor llamarlo ‘sanchismo’), que, de forma extemporánea, ponga la mira en la tumba del dictador, le exhume y traslade, anatematice todo lo que se hizo en España desde 1939 hasta 2004 (metiendo en el mismo saco a tirios y troyanos, al franquismo y a la Transición) y, para colmo, tenga en proyecto aprobar una inicua e ideológica Ley de Memoria ‘Democrática’ (?) mientras que los verdaderos y gigantescos problemas del país aguardan su turno sin esperanza de ser tratados ni solucionados, como mandaría la doctrina ortodoxa del ‘bien común’, la doceañista de la ‘felicidad de la Nación” o la actual del ‘interés general’. Sí, nuestro socialismo es nostálgico, rémora para el progreso patrio.

Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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