•  
  •  

¿Un Gobierno pirotécnico?

Imagen de Pedro Sáchez compartida en la red social Twitter.

Rebuscado y desconcertante puede parecer el título de esta tribuna de opinión. Sin embargo, a lo largo de su corta extensión, trataré de precisar la idea que me ha llevado a escoger ese inusual rótulo.

A poco que nos acerquemos a la definición de pirotecnia encontramos que por tal se entiende aquel producto que genera fogonazos, humo, estruendos y otros fenómenos. “Los dispositivos pirotécnicos, que tienen efectos visuales, sonoros y fumígenos con una finalidad lúdica y de espectáculo (es importante subrayar esto último), son conocidos como “fuegos artificiales”, “fuegos de artificio” o “juegos pirotécnicos”. Se emplean en exhibiciones, festejos, celebraciones, etc. Se considera un arte” (Wikipedia dixit).

Pues bien. Aposentado Pedro Sánchez en La Moncloa,  a la vista de los gestos, nombramientos, declaraciones y medidas anunciadas por el Gobierno salido de la primera -e histórica- moción de censura exitosa, el que suscribe considera, primero, que el Gobierno carece de programa y de líneas de actuación gubernamental y, segundo, que el deslumbrante Gobierno de estelares ministros ofrecerá con frecuencia durante su mandato medidas efectistas y  gestuales para encandilar al pueblo llano y captarle con fuegos de artificio político. Ahora se comprenderá mejor el nombre de este artículo.

Repasemos lo que hemos visto y oído del recién estrenado Gobierno Sánchez y obtendremos la conclusión de que, por sus gestos y por el fuerte condicionamiento que padece merced a las dispares fuerzas políticas que lo han hecho posible, será una especie de laboratorio, de taller pirotécnico, y servirá como caso práctico a explicar en asignaturas de Ciencias políticas y de la Comunicación. No en vano Sánchez ha nombrado jefe de su gabinete a un renombrado consultor político, Iván Redondo, cuyo asesoramiento ha significado mucho en la llegada de Sánchez a la presidencia del Gobierno.

Apenas tomada posesión de la presidencia del Gobierno, Sánchez y los jefes de los respectivos Departamentos ministeriales han acudido al fácil recurso de echar mano de la pirotecnia política, la famosa técnica del ‘marketing’ político. Es decir, la práctica afín y muy querida del populismo: prometer más de lo que se puede cumplir o, dicho de otro modo, prometer lo que no se puede dar. En definitiva, medidas y promesas que si se cumplen es al precio de generar grandes sacrificios futuros para la población, con el riesgo de empeorar las cuentas del Estado y dejar una espeluznante herencia.

En efecto, en las pocas semanas de Gobierno sanchista hemos oído y visto muchos y vistosos fogonazos, relumbrantes promesas y declaraciones que en absoluto mejorarían la vida del ciudadano y que, de cumplirse,  hipotecarían su economía, porque son promesas caras, de esas que invitan a preguntar “Y esto, ¿quién lo paga?”. Vayan aquí unas cuantas para que el lector juzgue.

Todo lo que ha rodeado al asunto “Aquarius” puede servir de tarjeta de presentación del talante ‘zapaterista’ del actual Gobierno. Se trataba, por supuesto de una emergencia humanitaria que se debía atender con urgencia, pero cuya solución impone perentoriamente dar la batalla política y diplomática en las instituciones comunitarias europeas. No España aislada, ni contra sus aliados. La inmigración irregular es un agudo fenómeno a tratar con responsabilidad y en conjunción con nuestros socios europeos. Mientras “Mr. Marshall” recibía en el muelle valenciano, dos “Aquarius” llegaban a las costas andaluzas el mismo día.

Acercar los políticos separatistas presos a cárceles catalanas es otra gran promesa sanchista. Eliminar el control estatal sobre los pagos de la ‘Generalitat’ se ha consumado en las primeras horas. Proclamar la sanidad universal es ya todo un empeño, como suprimir el copago farmacéutico. Endurecer la Ley de Memoria histórica de Zapatero, de 2007; crear una Comisión de “la verdad” y remover los restos de Francisco Franco, son otros tantos relámpagos políticos para satisfacer a su parroquia y a los votantes de su triunfal moción.

Pero con ello no se crea trabajo ni se pagan las hipotecas. Dejar de cobrar el peaje de las autopistas queda muy bien, pero ¿quién cubre el agujero que origina en las cuentas públicas? Vincular las pensiones públicas al IPC es una estupenda medida para los pensionistas. Sólo que las actuales fuentes de financiación no bastan y encima aumenta el gasto… Está muy bien que haya mayoría de mujeres titulares de Ministerios, pero lo que importa es la valía intrínseca de las personas, no su sexo. Otro artilugio pirotécnico.

Así mismo, queda precioso retirar las concertinas de las fronteras de Ceuta y Melilla. Es la quintaesencia del buenismo. Empero, ¿cómo se garantiza la integridad de las fronteras y sin provocar la llamada a sortearlas?

Mayor es aún la reticencia que provocan los pactos a que haya llegado este Gobierno con Podemos, pactos que se resuelven en tres palabras: gasto, gasto, gasto.

Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

X