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Un audaz golpe de mano

Mariano Rajoy es ovacionado, el pasado 5 de junio, en el Comité Ejecutivo del PP, el último que presidió al frente del partido tras la moción de censura en la que fue derrotado por Sánchez. / ALBERTO DI LOLLI, El Mundo

Existe una sentencia en el Evangelio de san Mateo que dice así: “Regnum coelorum vim patitur et violenti rapiunt illud”. Puede interpretarse como “El reino de los Cielos se alcanza a viva fuerza y los que la hacen son los que lo arrebatan”. La   evangélica frase puede aplicarse al nuevo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que ha conseguido el sillón presidencial mediante empuje y combatividad. El golpe de mano para hacerse con el Gobierno de España ha sido, ciertamente, audaz, intrépido. Un día antes del fijado para defender la moción de censura nadie daba nada por él; nadie imaginaba que su increíble moción fuera a reunir 180 votos. Y Pedro ganó el cielo, el cielo de La Moncloa.

En efecto, al abrigo demasiado forzado de la primera sentencia del caso ‘Gurtel’, un Sánchez que ocupaba una segunda fila en la política nacional; que ni siquiera era diputado del Congreso en esta Legislatura; que esperaba pacientemente la convocatoria de elecciones generales para mediados de 2020… ha podido descabalgar de la mañana a la tarde al Gobierno Rajoy. No le ha arredrado la diferencia de parlamentarios (84 PSOE; 137 PP); no ha temido a la variopinta amalgama de partidos que le han apoyado y que le pasarán factura antes que después; no ha tenido en consideración que la economía crece, que el paro disminuye y que Rajoy consiguió aprobar las cuentas generales del Estado: Sánchez ambicionaba el Gobierno y tras un audaz envite lo ha logrado. Primera escena.

Ha sido, pues, un audaz golpe de mano. Un golpe de mano que -como todos los golpes- no respeta a quien sobre él cae, y ha caído sobre un político, Mariano Rajoy, honesto, prudente, trabajador y con gran formación política y jurídica. La verdadera razón que ha llevado al éxito la moción de censura ha sido el “Todos contra Rajoy”. De esta manera, desde Ciudadanos y toda la izquierda, extrema izquierda, separatistas, amigos de ETA y nacionalistas, han coincido todos en un punto: expulsar a Rajoy y su Gobierno. No se ha tenido en cuenta la proeza de evitar el rescate comunitario de España, la mejora del empleo ni el crecimiento de nuestra economía. En este sentido, la salida del presidente Rajoy ha sido injusta. España siempre se comporta así con sus mejores capitales políticos: Suárez, Carrillo, Fraga, y ahora Rajoy.

Sánchez ha alcanzado el cielo sin haber expuesto un programa político de gobierno, sin apenas trazar líneas ni metas gubernamentales. Apenas se conocen objetivos y líneas de gobierno del nuevo presidente y de su abultado (17 carteras) y femenino Gobierno. Un Gobierno que ha sorprendido por la variedad, extracción y valía curricular de sus componentes. Lástima que este brillante Gobierno esté lastrado e hipotecado por dos grandes rémoras que lo atenazan: por una parte, el dificilísimo e inestable equilibrio parlamentario por los espeluznantes socios de moción; por otra, el asunto separatista catalán, difícil y complicado de por sí. Pero hay que dar un tiempo y un margen de maniobra a este nuevo equipo ministerial que bajo la arriesgada batuta de Sánchez comienza a interpretar la más difícil obra operística del repertorio español: no probar la medicina que se la ha suministrado a Rajoy señalándole la puerta y encauzar el separatismo al noreste del Ebro. Y, tal vez, en Vascongadas.

Por otra parte, hay que subrayar también que la moción de censura, tal y como se ha desarrollado, no obedece al tipo de moción que la doctrina constitucionalista llama constructiva. No basta con echar al Gobierno, sino que hay que urdir -con la defensa de un programa de gobierno- una alternativa fiable y clara. De esto último es de lo que ha carecido la moción del madrileño: su moción ha sido sólo de censura: todos contra Rajoy y sus ministros.

Entre las incógnitas que ahora se abren podemos preguntarnos si el Gobierno Sánchez tendrá vida duradera, una vez consumido el bello tiempo del desembarco en La Moncloa. Nadie acierta tampoco a saber qué pactos ha concluido el presidente con las fuerzas que le han apoyado. Ni qué pasará con la gestión de sus leales ministros. Ha llegado la nueva política y todo está por descubrir. Lo que sí sabemos, y es una buena noticia, es que el nombramiento de algunos ministros ha escocido a separatistas y filoterroristas. Y digo que es una buena noticia porque, como en Medicina, cuando un preparado escuece es que está curando.

Mientras, el Partido Popular, el gran partido conservador español, debe recomponerse y elegir un nuevo timonel. No me sorprenderá que los ‘populares’ tengan que acudir a apuntalar a Sánchez en ocasiones graves y delicadas para España. Como siempre han hecho en ese gran partido.

Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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