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Ucrania, ‘mon amour’

     La anunciada confrontación bélica de Rusia contra Ucrania sobrecoge. 

     Esta vez, la guerra -con toda su corte de miserias, sangre y penalidades- está a punto de televisarse. En vivo, en directo, y en suelo europeo. 

     La más temible y rechazable de las conductas humanas, la guerra, está a punto de transmitirse en directo, arrojando toda la sangre y crudeza que el caudillo Putin quiera. 

    Así. A cámara lenta y con preaviso. Para que no nos perdamos ni un fogonazo ni un estallido; ni un herido ni un muerto. Porque muertos habrá, si las circunstancias no cambian, si la diplomacia occidental y las presiones sobre el nuevo zar de Rusia no lo remedian.

    Las razones que esgrime el emperador postsoviético son no sé qué de una zona de influencia de la OTAN; no sé qué de que se siente amenazado, y que necesita rodearse de un cinturón de seguridad para dormir tranquilo en el Kremlin. 

     Rusia, un coloso geográfico, estratégico y militar,  levanta su espada nuclear y belicosa contra una Ucrania que simplemente quiere vivir independiente, luchar por su bienestar y sobrevivir como pueblo soberano, con deseo de pertenecer a la Unión Europea y la OTAN para defenderse del oso ruso, el rey de las estepas, y neutralizar sus zarpazos.

       Putin, como tantos otros sátrapas, sabe bien cuándo dar el paso. Supo darlo Hassán II con el Sáhara español cuando Franco agonizaba. Supo darlo Sadam Hussein con Kuwait, aunque midió mal las consecuencias. Y sabe darlo Putin ante una Norteamérica endogámica, presidida por un pusilánime Biden, y ante una Unión Europea disgregada, sin liderazgo definido ni política común de defensa. Y cuenta a su favor con el precedente de Crimea. Putin  se la tragó, y no pasó nada. 

     Ahora va a por Ucrania. A la vista del mundo. Exhibiendo una monstruosa concentración de material bélico, humano y logístico que circunda las fronteras ucranianas desde las heladas tierras rusas.

    Los días pasan, las horas se agotan, y todo hace temer que Rusia puede desatar una sangrienta embestida contra Ucrania, sola ante el peligro, como el título de la célebre película protagonizada por el austero Gary Cooper. 

     Lo peor es que, a esta hora, no se cuenta con una superpotencia que medie, que actúe de árbitro y evite una estéril, criminal y estúpida carnicería. Una carnicería para nada, para que su Majestad Imperial el antiguo miembro de la KGB ponga a prueba su costoso y mortífero arsenal de última generación y nos confirme que duerme más tranquilo por haber alcanzado eso que se llama “un mayor equilibrio de fuerzas”. 

    Pues bien, sobre la conciencia de Putin -y del mundo- puede caerá el peso de una nueva y evitable guerra.

Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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