•  
  •  

Todos fueron culpables

       En estos días se han cumplido 90 años de la proclamación de la República por unos dirigentes de formaciones mayoritariamente de izquierda. De la mañana a la tarde. Sin consultar al pueblo español. Improvisadamente. Con prisa. Tomaron como plebiscito que las candidaturas republicanas habían ganado las elecciones municipales del domingo anterior, 12 de Abril, cuando en verdad sólo triunfaron parcialmente. Primera tergiversación del nuevo régimen.

     La República se fundó sobre bases débiles, sobre arenas políticas movedizas. El régimen republicano excluyó a la mitad de los españoles. El poder sólo fue ejercido por las izquierdas, en colaboración con nacionalistas periféricos.

     Desde el Gobierno -y la calle- se desató una irracional persecución contra la derecha, la Iglesia católica, las órdenes religiosas, los terratenientes, los monárquicos y el Ejército. Media España fue considerada enemiga de la República. Contrarrevolucionaria, según el lenguaje de la época. La política se radicalizó. La sociedad se dividió en las “dos Españas” machadianas, irreconciliables.

      Aquella República sufrió una rápida metamorfosis política que acabó destruyéndola. De “República de profesores”, así llamada por sus patrocinadores iniciales, pasó a ser  tachada, despectivamente, de “República burguesa”. Finalmente, el PSOE, el PCE y los anarquistas, como paso previo a la dictadura del proletariado, trataron de imponer una “República Socialista”.

     La política republicana se deslizó hacia la intolerancia. Al mes de la proclamación, se extendió por España una sañuda persecución ideológica y religiosa. Estalló el odio.

     Fue tal la degradación política que nuestro más insigne filósofo del siglo XX, Ortega y Gasset, fundador de la “Agrupación al Servicio de la República”, tempranamente desencantado, exclamó “¡No es esto, no es esto!”, y marchó al exilio.

       La Constitución de la República, de 9 de diciembre de 1931, fue un texto redactado y aprobado exclusivamente por y para la izquierda republicana. Documento socializante, proclamaba a España como “República de trabajadores de todas clases”. Instauraba un presidencialismo con poderes casi ilimitados; decretaba la disolución de las órdenes religiosas, poniéndolas en el foco de la ira anticlerical. Fue una Constitución hurtada al referéndum popular y solo al servicio de un único sector de la sociedad española. La vida, la libertad y la conciencia individual no tenían valor ni eran respetadas. Mal augurio. El conflicto político estaba servido.

      Por otra parte, la República nació en plena eclosión de las ideologías totalitarias de entreguerras. El estalinismo más exaltado condicionó decididamente el juego de socialistas, comunistas y anarquistas, y tiñó de rojo a España.

     “No fue posible la paz”. “Todos fueron culpables”. De aquella desventurada República, hoy, casi nada puede salvarse.

      Sólo el entendimiento alcanzado en la Transición hizo posible la concordia, la reconciliación, el pluralismo político, la dignidad de la persona humana, la democracia y los derechos y libertades fundamentales.

Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

Un comentario en “Todos fueron culpables

  1. José Ramos Salguero

    Don José, como usted mismo relata con fidelidad histórica y honestidad intelectual, España se tiño de rojo por los rojos. No entiendo, pues, ese título inexacto, injusto, contemporizador, que reparte las culpas. La verdad nos hace libres. Y por los complejos de la derecha de la Transición padecemos actualmente una transición inversa y perversa. Al pan, pan y al comunismo, asesino. No en vano Felipe González borró la seña de identidad marxista del Psoe en el congreso extraordinario del partido en 1979, por incompatible con el socialismo bueno: la socialdemocracia, e incompatible con el socialismo malo, la socialdictadura marxista-leninista-maoísta (dejemos ahora el juicio de intenciones y la coherencia posterior, dado el G.A.L. y la claudicación del Estado español ante la ETA con la connivencia de la sedicente derecha, cada vez más descentrada de su esencia y más diluida en el vórtice de un nihilista «centro»). Porque estamos de nuevo, si no en las mismas, sí en parecidas circunstancias, en un Gobierno frentepopulista al que solo le hace frente con verdad y valor el partido disidente de la falsa derecha descentrada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

X