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Segunda carta a un militante socialista

      Cuando el Gobierno de coalición presidido por Pedro Sánchez había cumplido los cien días de gracia me tomé la licencia de escribir una tribuna que se llamaba “Preguntas a un militante socialista” (Ideal, 11.5.20). La razón de su redacción obedeció a la inquietud que algunos ciudadanos albergábamos ante un estrambótico “modus gobernandi” (constantes errores, información mendaz, acriticismo, desorientación gubernamental, retorcimiento del Derecho…), por una parte, y, por otra, al asombro y perplejidad ante el espectáculo de la larga ristra de disparates, escándalos jurídico-administrativos y errática gestión pública que el mentado Gobierno cometía a diario, tanto en la acción gubernamental como en relación a la dura batalla que los profesionales sanitarios libraban contra la pandemia, que aún nos atormenta.

      Ha transcurrido medio año. En ese tiempo, Sánchez y sus colegas del Consejo de Ministros continúan incurriendo en sonoros dislates, en romper las pautas de gobernación usuales en Europa, las propias de una sociedad libre, avanzada y madura. En innumerables ocasiones Pedro y los ministros por él nombrados nos han tomado a los ciudadanos, los titulares de la soberanía, nada menos, por estólidos. No me pidas que enumere los casos. Tengo el espacio limitado y están al alcance de cualquiera en las hemerotecas. Lo que sí es cierto es que esta desgraciada coalición gubernamental, fruto de una pareja política tóxica, mal concebida (el propio presidente lo advirtió cuando estaba en fase sensata), está ocasionando todo el daño que un monstruo político puede ocasionar: discordia civil, polarización, inseguridad jurídica, daños colaterales (enfriamiento económico, destrucción de la confianza en el país, ausencia de inversores…), decisiones sectarias (memoria ‘democrática’, ‘Ley Celaá’…), y, en importancia no menor, su desviación de la letra y el espíritu de la Constitución, cuando se sabe que no hay alternativa a ésta si se quiere vivir en libertad, en valores y, por tanto, en el camino de la paz y prosperidad.

      No hay día en que este Gobierno, que preside el doctor Sánchez (hay quien afirma que existen dos presidentes, el otro sería Iglesias), no cometa una fechoría jurídica (reducción del ‘quórum’ para elegir vocales del CGPJ; la ‘Comisión de la Desinformación’…) o política (nombrar Fiscal General a su Ministra de Justicia; supresión del carácter vehicular del español; ensayar una confederación plurinacional en la crisis sanitaria; desalojar de Guipúzcoa al Ejército…).

      Por eso, me permito preguntarte: ¿cómo se puede seguir perteneciendo a un proyecto supuestamente socialista cuando quien formalmente lo encabeza, Pedro Sánchez, lo desfigura, lo entierra y lo convierte en un instrumento personalista al servicio de sus ambiciones particulares, conduciéndose muchas veces ayuno de ética y siguiendo la vía maquiavélica para perpetuarse en el poder y ejercerlo autocráticamente, con la inestimable colaboración de un vicepresidente agitador y revolucionario, que otrora le quitaba el sueño?

       ¿Cómo se puede seguir impasible, como si no pasara nada, cuando este ‘Frankenstein’ político emprende con torpeza la deriva anticonstitucional de cambiar el sistema político de democracia parlamentaria -y el Estado Autonómico- y da los malos pasos para implantar una República Plurinacional al margen del procedimiento constitucional de reforma?

         La libertad y la democracia están en juego, en riesgo, con un Gobierno así. Eso no es progresismo, palabra mágica en la que suelen envolverse los autócratas, gobernantes que imponen al pueblo sus caprichos y  sus planes en nombre de la democracia. El monstruo está creciendo, y nuestro deber, como ciudadanos comprometidos con la libertad, la democracia y el imperio de la Ley, es, por decencia, oponernos a esa “puñetera locura” (González dixit).

      Por eso me dirijo a ti, que entraste en ese proyecto porque anidabas inquietud social y cívica. Porque querías ser útil a tus conciudadanos, reducir las desigualdades y hacer avanzar a la sociedad por caminos de honestidad y justicia social. Pero, créeme: todas esas nobles aspiraciones que te movieron a tomar partido hoy no constituyen la prioridad de los que ocupan el palacio del Gobierno.

      Nada bueno cabe esperar de un político como Pedro Sánchez que sólo porfía por el ejercicio cesarista del poder y (des)gobierna en contra de más de la mitad de sus conciudadanos. Nada bueno vendrá.

     Confío en que leas estas líneas desapasionadamente, aunque no sin dolor. El dolor de comprobar que lo que hace Sánchez no es socialismo, sino desvarío y culto indiscutible a su personalidad. Tú, que eres socialista de convicción, debes ser el primero en reaccionar. Que sigas bien.

Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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