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Resistencia

 

 

LAS PROVINCIAS, 4.1.2024

José Torné-Dombidau y Jiménez

Profesor Titular de Derecho Administrativo y

Presidente del Foro para la Concordia Civil

Es común escuchar la frase según la cual vivimos un tiempo confuso en la política española, confusión motivada en buena parte por el giro copernicano dado por el PSOE a la gobernación de España. Siendo hoy lo de menos el contenido de su programa electoral, lo importante y decisivo es la dirección política emprendida, los acuerdos y alianzas del citado partido, absolutamente disparatados, alejados de la racionalidad y del marco constitucional, ese que ha venido rigiendo la vida española durante los últimos 45 años con indiscutible éxito.

Este positivo balance está al punto de ser destruido, inexplicable e injustificadamente, por mor de un líder supuestamente socialista, dispuesto a darle la vuelta al ser y al sentido de España (expresión inspirada en el filósofo Ferrater Mora, ibídem, Revista de Occidente, 1967, 323 páginas): Sánchez ha confiado su permanencia en el Gobierno a todas y cada una de las ideologías corrosivas que los españoles albergamos y padecemos históricamente, ideologías que, debido al liderazgo sanchista, han reaparecido con vigor, incluso se han revitalizado, causando nocivas sacudidas al edificio institucional. Nos referimos al fenómeno de los particularismos centrífugos, al pensamiento relativista, a la ideología neomarxista, y a la escandalosa legitimación de elementos -hace poco tiempo- terroristas. Increíble, si no fuera porque los españoles lo presenciamos y padecemos diariamente.

En efecto, Pedro Sánchez, lograda la formación de su segundo Gobierno ‘Frankenstein’, acompañado de abominables socios y aliados externos, está procediendo a ejecutar un proyecto que podríamos titularlo de “derribo o demolición constitucional”, plan que provoca una mutación de las instituciones democráticas tornándolas en iliberales. Una relevante literatura científica enseña que hoy es posible destruir sistemas democráticos sin necesidad de ‘vis compulsiva’, socavando la democracia desde dentro, desde las instituciones, prostituyendo sus principios y valores esenciales. Convirtiendo la Constitución en un cascarón vacío. En el caso español, no cabe duda que la izquierda pretende cambiar además la actual Monarquía parlamentaria por una idealizada República.

Los últimos acontecimientos crispantes protagonizados por el presidente del Gobierno muestran claramente su ladina intención de transformar nuestra democracia representativa en una democracia iliberal, imponiendo una llamada dictadura constitucional, régimen político emparentado con la autocracia o el cesarismo. La inminencia de ese peligro es evidente. Todos los días Sánchez avanza en el camino que conduce a la meta del cambio político y constitucional de España, unilateralmente, sin consenso y de espaldas a los españoles. Un cambio consistente no solo en asegurar el predominio del Poder Ejecutivo sobre los otros Poderes del Estado, sino en someter también, literalmente, al Poder Legislativo (conseguido ya) y al Poder Judicial (en trance), último valladar éste, como se sabe, de todo abuso gubernativo. En este punto debemos recordar que la composición actual del supremo intérprete de la Constitución, el Tribunal Constitucional, le es favorable al disponer de una mayoría de magistrados afines a su cuerda. Composición planeada adrede. 

Para los ciudadanos, el efecto inmediato de este Gobierno radical izquierdista, condicionado y chantajeado por sus execrables apoyos, es el abatimiento de las garantías jurídicas, es el riesgo para las libertades, es colocar al individuo en una débil e inferior posición, con sacrificio asegurado de su esfera subjetiva de derechos y libertades ante la actividad prepotente de la gobernación sanchista. Es, en definitiva un regreso al absolutismo político, a tiempos anteriores a la Revolución Francesa, tiempos en absoluto progresistas. Un tiempo en el que Sánchez, en lugar de decir aquello de “El Estado soy yo”, podría afirmar “El Estado es mío”, como todos los días exclama Nicolás Maduro en su Venezuela arruinada.

Si no queremos que nuestros derechos, nuestras libertades y nuestro ‘status’ constitucional de ciudadanos desaparezcan por larga noche y obra y gracia del sanchismo, los españoles debemos reaccionar; tenemos que resistir los embates del Gobierno. Al modo que la Francia ocupada de la Segunda Guerra Mundial organizó una abnegada y gloriosa Resistencia, nosotros también debemos oponer resistencia contra aquellos actos y disposiciones gubernamentales que vacían nuestra garantista Constitución, actos inicuos que usurpan parcelas de nuestros derechos y merman nuestras libertades políticas.

Hay que resistir ante el abuso de poder, ante cualquier “detournement de pouvoir”, como reciente y acertadamente ha proclamado la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo en sentencia contraria al Fiscal General del Estado por la promoción de su compañera Dolores Delgado, otro eslabón sanchista.

En conclusión, ante el grave daño que dirigentes, militantes y votantes del PSOE sanchista están infiriendo a la política española (de ellos depende, en exclusiva, un golpe de timón), menester es prevenir a todos los españoles exhortándoles a que asuman el reto y la sabiduría que encierra la trascendental consigna del federalista Jefferson: “Cuando la tiranía se convierte en Ley, la rebelión se convierte en deber”. Cierto. Sin más comentario. 

Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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