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Regreso al pasado

       La semana pasada, el líder revolucionario y regresivo de Podemos, Pablo Iglesias, reiteró su conocida propuesta para España: quiere una España republicana, confederal, plurinacional y solidaria. 

       La propuesta es un dechado de insensatez, además de perjudicial a la larga para el pueblo. Con ella el líder podemita pone de manifiesto su verdadera intención: ser el niño en el bautizo, el novio en la boda y el muerto en el entierro. 

       Con la fórmula republicana Iglesias alcanzaría su sueño de mandar en España, autoritaria y vitaliciamente. Ésa es la verdadera razón de querer alterar la forma de Estado. Él, y algunos como él, creen que una España republicana es algo progresista, y eso es falso: los españoles ya experimentaron en el pasado la República con un resultado horroroso. 

       Sin embargo, Iglesias porfía para que los españoles tropecemos de nuevo en la misma piedra: la de la desunión, la discordia y el separatismo. O sea, el regreso a los viejos demonios de un pasado político de intrigas partidistas y personales; de egoísmo, insolidaridad y odio interclasista. Esa es la España que propone el de Galapagar: repetir el caos territorial de 1873, con su cantonalismo exacerbado, y el caos de 1936, con el huracán de una cruel guerra civil.

      Una España plurinacional, en terminología de la izquierda radical, de la que Podemos es su más genuina representación, es una España balcánica, dividida, en la que cada gerifalte, con su “partidito”, hace de su capa un sayo y aspira a la ruptura, creyéndose un Napoleón o un Adenauer que entra en la Historia, sí, en la Historia del desatino y la locura colectiva. En la mente de todos está la lucha fratricida que se desató en las “Republiquitas” yugoslavas. 

      A esto Iglesias llama una propuesta ‘progresista’ y ‘solidaria’. 

      Pero no. Progresista y solidaria -y respetuosa con la lengua, cultura e idiosincrasia de cada Región de España- es la obra de la Transición y su Constitución de 1978. Una Constitución que contempla para España la forma política mejor; que reconoce el autogobierno de nacionalidades y regiones y garantiza la unidad del todo; que facilita avance, estabilidad y riqueza, como demuestra la vida actual de los españoles en contraste con el pasado -triste y gris- de una República disparatada que abocó al enfrentamiento civil. 

       En cambio, la Monarquía parlamentaria es la forma política de los países más estables, desarrollados y prósperos de Europa. Retroceder no es progresista, señor Iglesias. 

       Mientras la Monarquía parlamentaria es un modelo que ha demostrado alta rentabilidad y eficacia para la recta gobernación del Estado, las “Republiquitas” que usted propone, señor Iglesias, sólo vienen a satisfacer su enorme ‘ego’ político autoritario. 

       No engañe al pueblo, señor Iglesias.

Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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