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¿Qué queda del 15-M?

         El fenómeno del ‘15-M’ fue una exitosa movilización social -hace diez años- de unos ciudadanos que se sentían ‘indignados’. Aquella marea popular, ¿ha  conseguido sus objetivos?

        En 2011 gobernaba el socialista Rodríguez Zapatero, un desastre político. A los jóvenes de entonces no les faltaba razón para criticar a los poderes públicos. Eran víctimas, a su pesar, de una dura crisis económico-financiera que les convertía en “ni-nis”.

         Aquel maremágnum asambleario, de gente sentada en las plazas; de interminables discusiones (barrocas, unas, bizantinas, otras); aquellas concentraciones, en las que se tomaban centenares de acuerdos, contradictorios uno tras otro… aquel movimiento, reclamaba un liderazgo. Al final, esta masa social crítica la capitalizó un grupo de extrema izquierda que se llamaría ‘Podemos’.

       ‘Podemos’ lo formó una camarilla de graduados en Ciencias Políticas, de la Complutense, de ideología comunista, populista y antisistema, y asesores de los regímenes hispanoamericanos de extrema izquierda. Fueron ellos los que, al final, pastorearon este estallido  social del 15-M.

        Sus lemas fueron ambiciosos: “No nos representan”, “Lo llaman democracia y no lo es”, “Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo”, “No somos antisistema, el sistema es antinosotros”…

       ¿Qué queda hoy de toda esta épica? ¿En qué ha mejorado la sociedad española con Podemos en la vida política y en el Gobierno?

      Tenemos que ser escépticos y críticos. Al cabo de diez años del 15-M, y siete del partido Podemos, los problemas o carencias de la sociedad y la juventud españolas, en cuyo nombre enarbolaron su bandera reivindicativa, siguen vivos. Incluso, agravados.

      Problemas como mercado laboral, empleo juvenil, precariedad, temporalidad, riesgo de pobreza, ayudas públicas, vivienda social, desafección ciudadana, democracia interna y transparencia de los partidos políticos (Podemos, el primero), son problemas que permanecen, incluso, agravados.

        Únicamente han prosperado los representantes de Podemos -¡vaya por Dios!- elevados a la categoría de Ministros -¡quién lo diría!- por soberana voluntad de Pedro Sánchez. Particularmente, Iglesias e Irene Montero, que han declarado un elevado patrimonio para el escaso tiempo que llevan sentándose en el Consejo de Ministros.

       Hoy, el partido Podemos está en declive. Sus padres fundacionales han desaparecido o han creado otra nueva criatura.

       El líder más caracterizado, Iglesias, ha anunciado el abandono de la política activa, noticia que debemos tomar con toda reserva.

        Iglesias, enemigo de la Constitución y de la concordia, de verbo virulento, pirómano de la democracia, fracasado sepulturero del bipartidismo, de agresiva dialéctica, de retórica guerracivilista, ha generado, con creces, crispación y enfrentamiento en la arena política.

       Comprendo que los partidarios de Podemos estén decepcionados ante la falacia, hipocresía y oportunismo de sus líderes.

      Y no es para menos. Porque al final, Iglesias y compañía, en lugar de acabar con la casta, han terminado siendo casta. Triste balance.

Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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