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¿Qué pasa con los Bancos?

      Los Bancos son unas entidades mercantiles consustanciales al sistema económico capitalista y al modelo de economía de mercado. Como afirma la profesora Mercedes Fuertes, “En una economía de libre mercado, empresarios y ciudadanos necesitan en muchas ocasiones de ayudas para financiar sus actividades, para adquirir bienes y servicios o nuevas iniciativas. Por ello desde antiguo han proliferado instituciones especializadas en facilitar medios económicos e instrumentos de crédito”   (“El sistema financiero”, en “Lecciones y materiales para el estudio del Derecho Administrativo”, tomo VIII, pág. 157, 2009).

       Así pues, los Bancos son instrumentos importantes para la economía de un país. Y aunque en algún momento se los ha querido suprimir, particularmente en los regímenes comunistas, el remedio ha sido peor que la enfermedad, pues al crear un Banco público, un Banco del Estado, la tiranía que éste ha ejercido sobre los ciudadanos ha sido aún más despiadada, y su ineficacia, mayor.

      El caso es que los Bancos son necesarios, y más vale que funcionen satisfactoriamente, dispongan de balances saneados, y, por nuestro bien, eviten crisis y hundimientos. No en vano les confiamos nuestros ahorros, ingresos y créditos. Recuerden la pesadilla que fue el ‘corralito’ argentino, el ‘default’ venezolano o la crisis de ‘Bankia’ de nuestros días.

      Sin embargo, aun partiendo de la premisa de que los Bancos son convenientes y necesarios en una economía de mercado, la más próspera, se deben supervisar y controlar estas entidades financieras para evitar abusos, como los padecidos con aquellos productos “subprime” que ocasionaron la Gran Depresión de 2007 en el mundo.

      En este sentido, el jurista y escritor español Reinaldo Temprano Azcona, ya nos alertó en 1949 con un libro de significativo título: “Cuidado con los Bancos”. Al final del prólogo, el citado autor nos legó un sabio pensamiento que dice lo siguiente: “Primero es la Humanidad, ya que ésta ha podido vivir muchos siglos sin los Bancos”, mientras que “éstos no podrían vivir un solo día sin la Humanidad”.

    Por eso, los ciudadanos debemos elevar nuestra voz crítica cuando comprobamos, en nuestras propias carnes, cómo están actuando los Bancos con los clientes. En efecto, los Bancos han suprimido todas las facilidades a la clientela, sólo parcialmente recuperadas para los mayores gracias a la inteligente campaña “Soy mayor, pero no idiota”. 

     Las relaciones humanas -antes cordiales- han desaparecido. Han suprimido oficinas, convirtiendo los barrios en desiertos bancarios; han despedido a miles de empleados (ya no conocemos a casi nadie); cobran comisiones abusivas por todo, dándose el caso, en algunos Bancos, de cobrar dinero hasta por ingresarlo en efectivo; y nadie quiere hacer un favor a nadie, pues nadie quiere responsabilizarse de ello.

       Para colmo, los Bancos están esquilmando las cuentas de sus clientes, cebándose con las más pobres, al detraerles una hiriente, por injustificada, cuota de mantenimiento. 

      Los ciudadanos deberíamos gritar ¡basta ya!

Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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