•  
  •  

No basta con la desautorización

Alberto Garzón, ministro de Consumo.

     La última ‘gesta’ del comunista Alberto Garzón, elevado a la categoría y al honor -inmerecidos- de Ministro por pura conveniencia política, por puro interés personal de Pedro Sánchez, ha sido denostar a los ganaderos y desprestigiar la producción cárnica de España haciendo unas insensatas afirmaciones en un periódico británico. 

     Las torpes declaraciones del señor Garzón demuestran palmariamente -como sostengo desde hace dos años- que este Gobierno es un engendro, un Gobierno mal concebido ‘ab initio’, una criatura monstruosa desde el punto de vista político, mezcla de un socialismo resentido y ‘caviar’ -capitaneado por un individuo deficitario en ética pública- y un apéndice de comunistas y podemitas. Un Gobierno que se apoya, además, en separatistas y en sucesores del terrorismo vasco. Una insensatez y una inmoralidad.

     Estos son, pues, los mimbres con los que está ahormado el actual Gobierno, aquel órgano que constitucionalmente tiene encomendada la tarea esencial de defender el interés general y el bienestar de la Nación española. 

     Por ello, no nos causa sorpresa la última ‘garzonada’, sino irritación. Que un Ministro de España denigre a un sector económico nacional tan importante como la ganadería, y a su producto estrella, la carne, es absolutamente censurable. No existe constancia de ningún precedente histórico. 

       De ser este Gobierno una reunión de personas formadas, serias y honestas, por una elemental dignidad de los cargos públicos –mucho más los ministeriales-, don Alberto Garzón tendría que haber dimitido o haber sido cesado, para que una persona así nunca más dañara al interés general de España y de los españoles. Alberto Garzón debería ruborizarse al pensar que la retribución que recibe no es ningún maná: procede del esfuerzo tributario de los ciudadanos.

     Por otra parte, esta ‘hazaña’ -que constará eternamente en su ‘curriculum’ ministerial- es consecuencia de su comunismo militante anacrónico. Al señor Garzón, como buen seguidor de Carlos Marx, le gustaría controlar y dirigir la sociedad española en una determinada dirección. La que le dicta su ideología. Por eso nos dice lo que debemos consumir, o no; con qué juguetes deben jugar nuestros hijos o nietos; qué recetas de cocina hemos de elaborar, y, ahora, que recelemos de los productos cárnicos  españoles por no sé qué de la calidad y del maltrato animal.

       Si lo anterior fuera cierto, el Ministro de Consumo (una antigua Dirección General elevada de categoría circunstancialmente) debería remediar el problema, aquí, en su país, utilizando los abundantes y vigorosos medios de todo tipo que un Ministro y un Gobierno tienen a su alcance según el Ordenamiento jurídico.

    Pero no perdamos el norte. El responsable de los desaguisados de Garzón es quien le nombró, primero, y quien no lo cesa, después: Pedro Sánchez.

Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

X