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La irracionalidad del Gobierno

Parece ser que el Gobierno solicitará del Congreso de los Diputados una nueva prórroga del estado de alarma, parece ser que la última, si bien que ahora lo será por un mes. En mi opinión, la razón del plazo que se pide se encuentra en la poca disposición que tiene el Presidente del Gobierno para comparecer ante una de las sedes que representan al pueblo español. Hemos visto a lo largo de estos dos últimos meses la incomodidad creciente de Sánchez en sus comparecencias ante el Congreso y se comprende con cierta facilidad, pues oír repetidamente que se ha mentido, acuérdense de que dijo reiteradamente que le sería imposible conciliar el sueño con Iglesias en el Gobierno; que se ha actuado irresponsablemente, recuerden que hubo alguien a quien le había encargado la gestión de esta crisis que afirmó con todo descaro que la situación no comportaba riesgos inmediatos, pues nunca desaconsejaría a su propio hijo que acudiera a la manifestación del ocho de marzo, cuando ya se sabía con claridad de los efectos perniciosos del virus, así como de su capacidad de contagio y el peligro que conllevaban las congregaciones masivas de personas. En definitiva ni siquiera la piel de Sánchez aguanta fácilmente las críticas demoledoras a su inmoralidad e ineptitud; ciertamente a nadie le puede resultar agradable que cada quince días te recuerden que mientes y que has actuado irresponsablemente.

Con esta nueva prórroga nos adentramos en un terreno ignoto, no es ya ni el de la mentira ni el de la irresponsabilidad, ambos al fin y al cabo se pueden combatir dentro de la racionalidad, bien poniendo de manifiesto la falsedad, bien criticando la impericia, y esto con independencia de que luego se traslade o no, primero, a las encuestas, y después, a las urnas. Ambos, por horribles que sean, tienen aún solución en el terreno de la razón. Sin embargo, la nueva prórroga de un mes, nos coloca en la esfera de la irracionalidad, un lugar pantanoso del que difícilmente puede salirse. No hay nada más que recordar al barón de Münchhausen que viéndose atrapado en sitio semejante, ideó que para salir del mismo, habría que hacerlo tirándose de los propios cabellos.

Daré dos argumentos de por qué creo que esto es así, uno de carácter jurídico y otro lógico. El primero se deduce de la propia letra de la Constitución en la que se afirma que el estado de alarma será declarado “por un plazo máximo de quince días”, aunque sin la autorización del Congreso no podrá prorrogarse “dicho plazo”. Le he dado algunas vueltas a las expresiones entrecomilladas y no consigo entender que ‘dicho plazo’ pueda comprenderse como un mes, dos meses o un año, sino que sólo es posible entenderlo como un plazo de un día, de dos, de tres, hasta un ‘máximo de quince días’. Y aquí justamente empiezan las dificultades lógicas, que en verdad son tres.

Primero, no cabe confundir el menos con el más, si el plazo máximo es de quince días, quiere decirse que se puede prorrogar por menos, pero no por más. Esto lo explicaban de manera clarividente Epi y Blas, programa que rescataría para los cursos de reciclaje de nuestros gobernantes, quizá también para los miembros de la oposición. En segundo lugar, hay que tener en cuenta que si para lo más pido lo menos, no tiene sentido que para lo menos solicite lo más. Me explico. Si en los momentos álgidos de la pandemia, cuando se producían miles de contagios y cientos de muertes diarias, el Gobierno solicitaba prórrogas del estado de alarma de quince días, qué sentido tiene que ahora, cuando parece que la pandemia decae, se solicite un estado de alarma de un mes. No lo entiendo, quizá lo habría comprendido antes, si es que hubiese podido deshacer la primera inconveniencia lógica, pero desde luego que no cabe ya, pues no iría solo contra la primera, sino también contra esta segunda.

Además existe una tercera contradicción en esta petición del Gobierno, pues si para lo menos me someto a un procedimiento x, no puedo para lo más reclamar un procedimiento igual, sino que habría de serlo agravado. Vuelvo a explicarme. Quiere decir que cuando solicito una prórroga del estado de alarma de quince días, he de comparecer ante el Congreso, y ahora que la pido por un mes, tendría que existir un procedimiento más exigente que el anterior. El problema es que no lo hay y no lo hay porque todo este párrafo del artículo 116 de la Constitución se asienta en un principio básico, que es en lo que consiste el principio lógico de que no ha de confundirse lo más con lo menos.

Si el Gobierno sigue adelante y parece que así lo hará, la política en este país se adentrará en un terreno enfangado, más de lo que ya está, y del que será muy difícil salir. La política tiene sentido porque permite dilucidar nuestras diferencias mediante la razón, por medio de instituciones que la aseguran, pero si la política destroza esas instituciones o el lenguaje al que las mismas se acogen, si la política abandona la razón y se adentra en la irracionalidad, solo habrá que esperar que nos coja confesados.

Autor del artículo: José Joaquín Jiménez Sánchez

Doctor en Derecho y profesor titular de Filosofía del Derecho, UGR. Socio fundador del Foro para la Concordia Civil.

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