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¿Es España un Estado fallido?

A continuación reproducimos el artículo de F. L. Sell publicado en el Neue Zürcher Zeitung y que ha tenido una gran repercusión al preguntarse si la Unión Europea puede fiarse de España ante la complicada situación que sufre nuestro país.

Una rápida y masiva ayuda financiera de la UE para una España atormentada por el corona no es por el momento responsable. Posiblemente se necesite que el Banco Mundial y el FMI identifiquen los proyectos plenos de sentido, así como subvencionables.

¿Es un concepto temerario el de Estado fallido? Hace pocos días que en un programa matutino de la televisión lo utilizó I. Errejón, parlamentario en el Congreso por Más País. No se refirió al gobierno central o a toda España, sino sólo al gobierno regional de Madrid, que en las últimas semanas ha perdido completamente el control sobre la propagación del covid-19. De un Estado fallido se habla, como es sabido, cuando ninguno de los tres poderes de un Estado democrático de derecho sirve para lo que la Constitución y las personas esperan de ellos: que al mismo tiempo que funcionan legítima y democráticamente, lo hagan de manera comprensible.

Crisis constitucional y de gobierno

Mientras que la atención de la Comisión Europea y también del gobierno y la opinión pública alemanes se concentran sobre los asuntos referidos al imperio de la ley y la democracia en Polonia y Hungría, tienen lugar cosas tremendas en la quinta economía europea, España. Así pueden narrarse.

Primero, la crisis constitucional, la monarquía y el separatismo catalán: tras el final sin gloria de Juan Carlos I y su fuga, así hay que llamarla, a EAU, la monarquía española se encuentra fuertemente discutida en su propio país. Felipe VI pierde cada vez más aceptación. Regiones como Cataluña y el País Vasco se niegan abiertamente a seguirlo. Al mismo tiempo el gobierno de Cataluña, que representa en el mejor de los casos una mayoría exigua del pueblo, persigue un camino de secesión irreconciliable con España. A este gobierno se lo pone aún más fácil el primer ministro Sánchez, pues lo ha dotado de una capacidad de chantaje por la necesaria tolerancia parlamentaria del partido de izquierdas catalán, ERC. 

Segundo, la crisis de la coalición y del gobierno: Sánchez no tiene en las Cortes una mayoría propia y depende de nuevo de la aprobación o la tolerancia de los partidos regionales (ERC, pero también Bildu, que hace poco era el brazo político de la organización terrorista vasca ETA). La ministra española de economía, Nadia Calviño, del partido socialista de gobierno, el PSOE, sostuvo que el país necesita de manera urgente un nuevo presupuesto. El último se aprobó en 2018, cuando gobernaban los conservadores con Mariano Rajoy, PP, quien fue derrotado tras la moción de censura constructiva presentada por el PSOE y sus aliados en el verano de 2018. Según Calviño, esa aprobación es necesaria a fin de poder enviar las solicitudes para los fondos europeos de reconstrucción.

Incluso dentro del gobierno tienen lugar las fuerzas centrífugas: Unidas Podemos, el socio de coalición de izquierda alternativa, que procede del movimiento 15M, exige en medio de la crisis la elevación de impuestos en conexión con un incremento de los gastos sociales. Sánchez no cederá todavía y busca la negociación sobre el presupuesto con el partido liberal de la oposición, Ciudadanos. Los liberales se niegan categóricamente a un incremento de los gastos sociales y exigen una disminución de impuestos. No obstante, Ciudadanos tiene sólo diez parlamentarios frente a los treinta y cinco de Unidas Podemos. Recientemente, Pedro Sánchez ha presentado, junto con su socio de coalición, un proyecto de ley, según el cual los municipios deben poner a disposición del gobierno central sus ahorros acumulados en el pasado: un intento desesperado y al mismo tiempo vergonzoso, si no escandaloso, de resolver los propios problemas presupuestarios no resueltos. Un fracaso.

La pandemia sin control

Además, la sorprendente segunda ola del corona virus acaece en España como en ningún otro lugar de Europa: diariamente hay hasta diez mil nuevas infecciones, especialmente en la región de Madrid. Las noticias de los medios anuncian que los hospitales llegarán pronto a su límite, también lo hacen los departamentos de salud con el registro y seguimiento de las infecciones. La hostelería y los hoteles aún funcionan. Pero a diferencia de lo que ocurre con nosotros, a los clientes de los bares y restaurantes rara vez se les requiere que registren su dirección, número de móvil y duración de la visita. Conclusión: los casos desconocidos podrían ser considerablemente más altos. En vez de cooperar, los gobiernos central y regional se explayan en culparse mutuamente.

En tercer lugar, la crisis de partidos: se desearía en tal situación una poderosa oposición dispuesta a apoderarse del gobierno. Mientras que Ciudadanos en las últimas elecciones disminuyó de cincuenta y siete a diez diputados, se entiende que el Partido Popular se hundiera tras el escándalo de su caja B, el asunto Gürtel, y de nuevo se encuentra en el punto de mira de manejos criminales, esta vez el llamado asunto Kitchen, que afecta a ex ministros, al propio tesorero y otros sospechosos, lo que podría dañar en el juzgado al partido, pues al modo de un Watergate español, espiaron a expensas del Estado.

En cuarto lugar, la crisis de la justicia: la incapacidad de compromiso entre PSOE y PP ha conducido a que los nuevos nombramientos de jueces en el Tribunal Supremo y en el Tribunal Constitucional no hayan podido producirse. Los partidos de la oposición acusan a la abogacía del Estado, porque se niega a acusar al gobierno de la fatal gestión de la crisis en la pandemia del corona. Un escándalo estalló a fines de septiembre, cuando el gobierno central denegó el permiso al Rey Felipe para que entregara, como en años anteriores, en una ceremonia los despachos a los jóvenes jueces y juezas. Presuntamente para proteger al monarca.

¿Cómo debe reaccionar Europa?

De esta precaria situación sólo pueden liberarse los mismos españoles. Llevará tiempo. Se necesitan personalidades consistentes en la economía y la política. ¿Cómo debe tratar Europa a España? El fondo de recuperación europeo debería, como es sabido, ayudar a poner en pie especialmente a los Estados miembros afectados por la crisis del covid-19. Sin duda España se encuentra entre ellos. Sin embargo, la cuestión es si el país está preparado suficientemente acerca de la importante entrada futura de fondos, se habla de ochenta a cien mil millones de euros para 2021 y 2022. Hay que dudar.

Por lo tanto, no es responsable una rápida y masiva salida de fondos bajo el control de Bruselas. Hasta ahora la Unión Europea no ha reconocido la situación de España descrita más arriba. Posiblemente se necesiten organizaciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional para asegurar que, primero, se identifiquen y planeen los proyectos significativos y sólo después se exijan los medios europeos, que se evaluarán con posterioridad. Presumiblemente no será tan difícil: tiene sentido estabilizar primero el necesitado sistema de salud y hacerlo resistente ante futuras conmociones. España no es un Estado fallido, pero no está lejos de serlo. Razón suficiente para que finalmente Europa se despierte.

Traducido por J.J. Jiménez Sánchez

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