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El Rey, la vacuna y la cortesía

       Un día superaremos la pandemia vírica y, entonces, será el momento de juzgar, con mayor conocimiento y objetividad, la gestión de la crisis sanitaria del presidente Sánchez. No obstante, hoy podemos adelantar que el Gobierno ha cometido en ella innumerables errores. 

       Errores en el tratamiento de la pandemia. En la política informativa (recuerden las contradicciones e infantiles peroratas del señor Simón). Errores en el equipamiento sanitario; las polémicas sobre las vacunas; o el confuso calendario de su inoculación por franjas de edad.  

      Ha sido una gestión salpicada de tropiezos, de medidas y contramedidas. De exceso normativo unas veces y de regulación escasa o inexistente, otras. En definitiva, una gestión cercana a lo caótico.

      Durante este largo tiempo -que se inició para los españoles el 14 de marzo de 2020-, el Gobierno Sánchez ha tenido de todo. Ha colmado la paciencia de los ciudadanos con aquellos soporíferos “Aló presidente” de los sábados. Ha sembrado de desorientación la vida de los españoles: mascarillas, no; mascarillas, sí. O aquello de que “el calor mataría al COVID-19”… 

      El Gobierno también ha mentido a la población, pues no había Comité de expertos. Ha suspendido derechos y libertades. Ha sometido a hibernación al Poder Judicial y al Legislativo y ha abusado del Decreto-Ley con harta frecuencia. 

      Así mismo ha ordenado ceses y nombramientos claramente arbitrarios, luego anulados por los Tribunales de Justicia (casos Pérez de los Cobos, Iglesias Turrión e Iván Redondo). Y, contra la opinión de expertos, aún permite la entrada en aeropuertos de infectados por mutantes y peligrosas cepas… Balance realmente negativo.

       Empero a mi juicio hay un hecho que merece ser destacado. Es la inflexibilidad de la vacunación ajustada al estricto dato de la edad, comenzando por los más ancianos. Nada que objetar. Con todo, la falta de protocolos claros y la dispersión de las regulaciones jurídicas han provocado algunos casos de picaresca en la vacunación, felizmente abortados.

       Pues bien: la inflexibilidad del turno de la edad ha motivado que el Rey, jefe del Estado, 53 años, haya tenido que esperar al sábado 29 de Mayo para ser vacunado. 

        Creo que el Gobierno, preso de un republicanismo adolescente, ha cometido en este caso una gran descortesía con el monarca, que ostenta la jefatura del Estado, no cualquier cargo. Pero, además, en especial, se ha hecho correr un riesgo innecesario a la dinastía, que, en el peor de los casos, hubiera sufrido un relevo traumático en la línea de sucesión a la Corona.

         El Rey, titular de la Corona y jefe del Estado, debería haber sido vacunado en los primeros momentos. 

         No se hubiera tratado de ningún privilegio sino de la debida protección al ejercicio de su Alta magistratura.

Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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