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Una preocupación nacional

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La formación política ‘Podemos’ es ya una preocupación nacional. Los temores que suscita esta nueva fuerza política recorren todo el arco político. Inquieta a la izquierda socialdemócrata; a los herederos de los comunistas, representados por Izquierda Unida (a la que, según sus propias declaraciones, no le empacharía llegar a pactos), pero, y esto es lo más significativo, también intranquiliza a la derecha que sostiene al actual Gobierno, pues un porcentaje de sus votantes, según reciente encuesta del CIS, tiene intención de abstenerse en la próxima contienda electoral o votar a ‘Podemos’ como expresión de castigo o de voto desesperado.

Quien no se pone nervioso y está pensando en aliarse con la formación de Pablo Iglesias es el caudillo de Marinaleda, Sánchez Gordillo. Son de la misma familia y participan de los mismos fundamentos.

¿Por qué se alarma la clase política convencional? Primero, porque, si ésta hace acto de contrición, llega a la conclusión de que algo ha hecho mal a lo largo de estos años de democracia. Y, segundo, porque los mensajes, consignas y medidas que la formación de Pablo Iglesias está lanzando a la sociedad son, desde luego, inquietantes por esencia. En efecto: ‘Podemos’ surge con indisimulada ira, con ganas de revancha, con rencor justiciero. ‘Podemos’ aglutina toda la desesperanza y el encono de una castigada clase media-baja que ha adquirido consciencia de que los efectos perjudiciales de la crisis económica los está pagando ella y solo Pablo Iglesias le defiende.

Como toda reacción, puede atravesar la línea de la moderación y de la racionalidad. Sin duda, este es el caso político de ‘Podemos’. Así se confirma en las propuestas que acuerdan sus simpatizantes en las asambleas y en las afirmaciones que hacen sus líderes, principalmente Iglesias y sus acólitos.

Para ellos la economía es toda una declaración de guerra. Los mercados, el enemigo. El capitalismo, algo a vencer (literalmente). Las fuerzas armadas, un gasto superfluo y, por tanto, prescindible. La democracia, un instrumento para alcanzar el poder, el “cielo”. La ley, una dictadura. La oposición gubernamental debe permanecer silenciada, y los MCS privados deben ser intervenidos, es decir, controlados por Gobierno para eliminar la crítica, esencial a un sistema de opinión como es el democrático. Adiós al pluralismo y a la libertad de expresión. Adiós a la democracia representativa. Adiós a la monarquía parlamentaria. En su lugar, bienvenidas sean las asambleas populares, el bolchevismo del siglo XXI. Sucede el líder, interpretando los deseos de las masas.

Por eso, como señala el profesor ecuatoriano Rodrigo Borja, el populismo no es una legítima expresión democrática, pues, bajo la enseña reivindicatoria, el populismo conduce a los pueblos a la ruina al hacerle defender posiciones contrarias a sus propios intereses, posiciones que sacrifican al pueblo a la postre.

La pobreza y la marginación social es el origen de los populismos. Se apoyan en la desesperanza. En la constante reivindicación. Hay personalismo y fascinación por el líder, por el caudillo. El populismo no posee doctrina. Carece de plan de gobierno. Incurre en acciones demagógicas y espectaculares. Improvisa. Cae decididamente en la demagogia.

Cuando el andamiaje político se derrumba, cuando se acaba la tramoya, el populismo termina en tragedia. Y si el populismo se mezcla con el autoritarismo, como sucede en la inmensa mayoría de los casos, se convierte en un régimen político que recibe el nombre de “cesarismo”. Entonces es la hora en la que gobiernan los hombres, no las leyes. Gobierna la voluntad del “Führer”, no la ley libremente conformada.

Si los españoles queremos retroceder desde el punto de vista político y económico, si queremos implantar un régimen autoritario de extrema izquierda y desatar el caos en la economía, ya sabemos quién tiene que ser votado. Por eso ‘Podemos’ se ha convertido, como digo, en una preocupación nacional. Más aún: muchos ojos están mirando a España como próximo banco de pruebas y algunas voces de alerta se escuchan ya en las finanzas internacionales. España en cuarentena.

Por el contrario, ¿cuál sería la salida sensata?

Lo sensato sería urgir a los partidos políticos que han estado al timón del Estado los últimos años a la regeneración de nuestra democracia, plural y representativa. Lo prudente sería preservar el imperio de la Ley, fortalecer el control judicial y la lucha despiadada contra la corrupción política. Lo ineludible sería que los gobernantes y autoridades en ejercicio cumplieran e hicieran cumplir el ordenamiento jurídico, con los valores y principios insitos en la Constitución de 1978, generosa ley fundamental protectora de los derechos y libertades de individuos y territorios.

Todo lo que no sea esto es embaucar al pueblo, y éste lo pagará con creces.

Al tiempo.

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Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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