•  
  •  

Tres opiniones sobre el problema catalán

estelada_png_1_1Hablar del ‘problema catalán’ es referirnos al problema de integridad territorial que tiene planteado el Estado español, agravado desde que en 2003 el presidente Zapatero, presa de un error mayúsculo, alentó la aprobación de un nuevo Estatuto para Cataluña con aquella desafortunada frase de “aprobaré en Madrid lo que acuerde el ‘Parlament’ de Cataluña”.

Fruto de esa irreflexiva invitación fue un texto estatutario claramente anticonstitucional, basado en un principio hostil a nuestro ordenamiento autonómico, el principio de bilateralidad: la Comunidad autónoma de Cataluña se relacionaba en pie de igualdad con el Estado y, en realidad, en muchas competencias y materias se establecía una relación como si Cataluña fuera un Estado que, circunstancialmente, estuviera unido a España.

Después vino la STC de junio de 2010, que anuló una veintena de artículos del Estatut, pocos para el grado de inconstitucionalidad que representaba la norma engendrada entre socialistas, independentistas y comunistas.

Lo que sigue se sabe: gran protesta popular encabezada por las autoridades catalanas, con el ‘president’ Montilla al frente, que, para mayor disparate, encarnaba la representación del Estado, y un malestar creciente a golpe de consignas tan fáciles como falsas: “España no nos quiere”, “España nos roba”, “Mejor solos”… Y en esas estamos.

Hoy los partidos, que en otros tiempos mantenían una calculada ambigüedad sobre la secesión, se han quitado la máscara y están por la creación del Estado independiente de Cataluña. Esta posición se basa en la sentimentalidad, no está justificada, pues Cataluña goza de un sistema de libertades y autogobierno muy amplio que raya en la confederación.

Actualmente la locura secesionista prosigue aun mediando la suspensión dictada por el TC.

En los últimos días me han llamado la atención tres opiniones de otros tantos personajes políticos.

Primeramente, el señor Rajoy se ha manifestado en un encuentro internacional afirmando que “España es una nación plural y diversa que nunca renunciará a la integración y a la fortaleza”. Normal. Lo podría haber dicho Obama, Merkel, Hollande, Cameron, etc.

En segundo lugar, en el mismo encuentro Felipe González manifestó su acuerdo con la actuación jurídica del Gobierno, aunque echa de menos un mayor esfuerzo político para encontrar una solución. Poco orienta el señor González.

Pero la frase más llamativa es de Pablo Iglesias. Dice que la suspensión del proceso independentista por el TC es una mala noticia para la democracia. Asegura que le gustaría que Cataluña no se fuera de España, pero añade que él no es nadie para decirle a los catalanes lo que hacer.

De las palabras de Pablo Iglesias se deducen tres cosas:
Que ignora lo que dice nuestra Constitución;
Que no reconoce el papel primario de la ley para que exista democracia;
Y que no le importa que España salte por los aires.

¡Comparte el artículo en redes sociales! Tweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someoneShare on FacebookShare on LinkedIn

Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

X