•  
  •  

Tres lecciones de demagogia

b0y0tjbigaamxoiPrimeramente digamos quién es demagogo. Según el mandatario y profesor ecuatoriano Rodrigo Borja, demagogo es “una persona irresponsable, egoísta, guiada por una irreprimible ansia de mando, que no piensa en el interés general y que se parapeta detrás de la multitud para dar curso a su lujuria de poder”.

Esta definición me parece, con todo respeto, el retrato más fiel del caudillo podemista señor Iglesias. En efecto, sigue diciendo el profesor Borja, “demagogo es el político que con zalamerías y afectación adula a la masa y le dice sólo lo que ella quiere escuchar”. El señor Iglesias usa de la demagogia para recabar el apoyo del electorado. Así lo cree él y los que le rodean en sus sanedrines asesores.

A pesar de que, según algunos analistas, el líder de ‘Podemos’ está en trance evolutivo hacia posiciones más moderadas, cercanas a la socialdemocracia, quien tuvo retuvo y Pablo Manuel, hasta el momento presente, no ha podido quitarse el traje original de populista y, por tanto, recurre, casi inconscientemente, de una manera natural y congénita, al ejercicio de la más pura demagogia, cuadrándole, por tanto, la definición de Rodrigo Borja.

Y para argumentarlo, aquí van a continuación tres muestras de su quehacer político. Tres lecciones de demagogia,

Primera lección.- El eurodiputado señor Iglesias consume la poca moderación de que dispone y recurre al insulto a compañeros del Parlamento Europeo, como sucedió en la sesión del pasado día 9. En efecto, el ‘camarada’ Iglesias llamó ‘basura’ a quienes, antecediéndole en el turno de la palabra, sostuvieron en sede europarlamentaria una opinión distinta de la suya. Todo un ejemplo de demócrata. De respeto al adversario. Un modelo de oratoria parlamentaria. El Emilio Castelar del siglo XXI.

Segunda lección.- En la misma sesión de la Eurocámara los periodistas le preguntan su parecer sobre el discurso del Jefe de Estado español, el Rey Felipe VI. Sabemos que Iglesias, fiel a su ideología, es ciegamente republicano. ¿Cómo enjuicia el papel y el discurso del Rey en Estrasburgo? Pues lo descalifica afirmando, primero, que el Monarca “ha hecho un discurso político”; y, segundo, se atreve a recomendar al Rey que se presente a las elecciones para cubrir la primera magistratura del Estado como si se tratara de un candidato más de los regímenes republicanos. Son dos buenas ‘perlas’, o de demagogia o de ignorancia. La primera es apropiada a su trayectoria política, según venimos tratando de probar. La segunda es incomprensible en un profesor de Ciencia política.

Decir que el discurso del Jefe del Estado es político es descubrir el Mediterráneo. Pues así es. El cargo de Jefe del Estado es, por esencia y ‘per se’, un cargo político. En segundo lugar: ¿Ignora el señor Iglesias que el discurso del Rey lo supervisa y le da el visto bueno el Gobierno de la Nación?

Efectivamente, el discurso de un Jefe de Estado constitucional, propio de una monarquía parlamentaria como la nuestra, es la voz del Gobierno y no su propia voz. Y tercero: ¿Cómo se puede pedir a la Monarquía parlamentaria que sea electiva, que se desnaturalice? O sea: ¿Cómo se puede pedir que una bicicleta sea una tortilla de patatas o viceversa? Otra vez la demagogia para contentar a su parroquia.

Y tercera lección.- Iglesias rechaza la invitación de la Jefatura del Estado para asistir a la Fiesta Nacional de su país de nacimiento y afanes. Jamás soñó en sus tiempos de Facultad ser honrado con semejante distinción. ¿Qué responde? Tiene el atrevimiento de alegar que es una ceremonia aburrida y que “prefiere aprovechar el día para defender los derechos y la justicia social” (¡sic!). Más, y más pura demagogia. A saber en qué invirtió y aprovechó el Día oficial de España el señor Iglesias, y cuántos derechos sociales defendió en esas horas. Me parece que este no es el respeto que debe tener a las instituciones públicas de su propio país ni a los ciudadanos en general.

Yo estoy seguro de que, si no hubiera sido invitado, a estas horas la campaña orquestada sería enormemente quejosa y fenomenal. En fin, no sé a quién quiere confundir el señor Iglesias, pero él sabe perfectamente que las razones alegadas para justificar su ausencia no son de recibo. Por el contrario, entrarán en la antología de los argumentos inconsistentes, impropios de quien aspira a ocupar altas magistraturas del Estado. Los cargos no sólo y meramente se ocupan, sino que también hay que honrarlos y prestigiarlos. No solo se usufructúan, sino que también requieren darles brillo.

¡Qué contradicción que quien aspira a la presidencia del Gobierno de España dé un corte de mangas a su Fiesta Nacional…!

 

 

 

¡Comparte el artículo en redes sociales! Tweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someoneShare on FacebookShare on LinkedIn

Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

X