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Tragicomedia de España

Yo admiraré siempre aquel federalismo constructivo que aproxima a los que están separados; yo renegaré siempre de aquel federalismo  destructivo que disocia a los que están juntos” (Niceto Alcalá-Zamora y Torres, presidente de la Segunda República española).

Terminaremos creyendo que, desde el punto de vista político, España se hace, se deshace, y vuelve a renacer, en un “continuum” permanente. Pura entelequia filosófica o misterio de la trascendencia del espíritu sobre  la materia. Ya lo sugería aquella sentencia atribuida al canciller germánico Otto von Bismarck: “España es el país más fuerte del mundo: los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido”.  Y en esas estamos.

Tras un espléndido tiempo de positiva descentralización e indiscutible progreso, retrocedemos a días de piqueta y a tiempos de escombrera. Siguiendo la más reciente historia contemporánea de España, es así como puede constatarse. En poco más de un siglo, he aquí el saldo político no precisamente brillante: cinco  jefes de Gobierno asesinados (Prim, Cánovas, Canalejas, Dato y Carrero Blanco) y cuatro Guerras civiles (la de 1936 a 1939, la más cruenta). En ese abrir y cerrar de ojos  -en términos cronológicos- España ha conocido la Monarquía absoluta, la liberal, el cesarismo militar, la República federal-cantonalista, la Restauración monárquica, la Dictadura primorriverista, el ‘Estado integral’ de la 2ª República, la Guerra civil, la Dictadura militar franquista y, por fin, la Monarquía parlamentaria que instaura, a Dios gracias, un Estado democrático de Derecho que permitió el ingreso de nuestro país en la hoy Unión Europea (1986).

Sin embargo, una formidable crisis económico-financiera -desatada a fines del 2007- desencadena en España un profundo cambio en los parámetros sociales, económicos y políticos. Las ideologías se radicalizan, el centro político se contrae y un mar de confusiones inunda esos escenarios. Surgen movimientos socio-políticos carentes de doctrina, sustituida por consignas y facilones lemas, frases ideadas para provocar, para “hacer sangre”, no para invitar a la reflexión y al pensamiento. He ahí el conocido ‘15-M’, del que han aflorado líderes apresurados a golpe de microondas. Líderes de ocasión, sin escuela ni perspectiva, sólo con ambición de poder. Con el único plan preconcebido y desnudo de alcanzar el poder y ejercerlo absolutamente. No les importa embaucar al pueblo. No paran mientes en engañar y embelesar a sus conciudadanos. Se valen de ellos. Buscan sus votos. Necesitan su apoyo electoral. En cambio, los servicios públicos y el bien común quedan postergados. La política es muy dura y despiadada, y el que se duerme no triunfa. Son políticos que van a satisfacer su ‘ego’ personal, sus ansias de poder, sus ganas de alcanzar -como reconocen y proclaman sin rubor- La Moncloa, sin importarles el costo, el precio, el porvenir de sus compatriotas, el bienestar ni la economía del país. “Hay que mandar al actual presidente del Gobierno a su casa”, simplemente porque “no es de los nuestros”. Poco importa el país. Casi nada el Estado. No importa la estabilidad ni el futuro de las inversiones económicas. Importa “mi” concepción de país, “mi” esquema de relaciones socio-laborales y “mi” modelo de Estado (confuso y contradictorio).

En esas están dos líderes emergentes e inéditos: Iglesias Turrión y Pedro Sánchez “tuneado”. El uno, con reptilescas maniobras que buscan destrozar y deglutir al socialismo español (como ha sucedido con los ingenuos sucesores de Santiago Carrillo). El otro, con paralela y desmedida ambición, trufada de revanchismo, rencor y ganas de ‘purgas’ palaciegas.

Mientras, el campo de experimentación, el ensayo de laboratorio, el proyecto de investigación se llama España. Justamente en un momento en que brota, con inusual y envalentonada potencia, el separatismo. Ayer, el vasco, matando a inocentes. Hoy, el catalán, que no mata -aunque sí lo hizo “Terra lliure”-, pero que apuesta por la secesión rayana en pura sedición, unilateral y desafiante, pretendiendo robar la parte alícuota de soberanía que corresponde indelegablemente a cada españolito, y el 30 por ciento del producto interior bruto del resto de España. Nada importante. Pero se trata de un verdadero golpe de Estado cuando los españoles sueñan con sus merecidas vacaciones y el disfrute de su paga extraordinaria.

Sí. Tragicomedia de España. “Situación o suceso de la vida real en que se mezcla lo trágico y lo cómico”. Trágico porque se está jugando con las cosas de comer; con el pan de nuestros hijos; con el destino y suerte de nuestro solar patrio; con el futuro del Estado, herencia recibida de generaciones anteriores, de nuestros abuelos y padres. Y cómico porque estos pretendidos líderes de nuestros días no resisten un  examen de Estado, una mala reválida.

Así lo demuestra Sánchez, cuando insiste en ese engendro -del que quiere convencernos- que llama “Estado plurinacional”, que él mismo es incapaz de definir y explicar, porque es la cuadratura del círculo.  Y así lo corrobora el capcioso Iglesias Turrión, cuando asume el riesgo de fragmentación de España al calificar el referéndum separatista catalán de “movilización legítima”.

Tragicomedia de España.

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Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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