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Premiar la esperanza

Discurso del Vicepresidente del Foro para la Concordia Civil, Juan Antonio Maldonado Castillo, con motivo de la Presentación del Premio “por la Defensa de los Derechos y Libertades Constitucionales”.

Alegoría de España, quien, con una corona de laurel premia las obras de ingenio de sus hijos. Obra de AGUSTÍN QUEROL, Biblioteca Nacional (Madrid).

Alegoría de España, quien, con una corona de laurel premia las obras de ingenio de sus hijos. Obra de AGUSTÍN QUEROL, Biblioteca Nacional (Madrid).

Excelentísimas e Ilustrísimas autoridades, Vuecencia mi General, socios del Foro para la Concordia Civil, estimados amigos todos.

Me corresponde el honor de dirigirles unas palabras a petición del Presidente del Foro para la Concordia, nuestro querido Profesor Torné, que no deben de ser más que unas breves pinceladas de lo que hoy nos trae, la presentación del premio por la Defensa de los Derechos y Libertades Constitucionales. También quieren ser un sucinto análisis de la más grave amenaza que en estas fechas se cierne sobre la realidad nacional y que da sentido, hoy más que nunca, a ese “observatorio crítico de la acción política, de la legalidad y de la constitucionalidad en un mundo complejo y globalizado”, tal y como recoge el Primero de los Principios en los que se cimenta el Foro para la Concordia Civil, como Foro de debate preocupado por los acontecimientos sociales y políticos que nos afectan.

No es baladí el hecho de que estemos hoy aquí convocados. Graves acontecimientos de todos conocidos, han convertido el Estado que nos dimos en 1.978, en un continuo devenir sísmico, que está haciendo temblar la España que con tanto esfuerzo logramos construir en las últimas décadas. En fin, ya saben ustedes, populismos y secesionismo vapulean en estos días la Piel de Toro, levantando negros nubarrones en el horizonte. Me centraré en el segundo de los problemas, pues el primero de ellos, el populismo, se explica sólo, viendo el pintoresco actuar de sus dirigentes en todos los ámbitos de la política española. Sus propulsores se trajeron del régimen totalitario venezolano, además de peculio con el que financiarse, todas sus maneras liberticidas y su falta de respeto por instituciones y derechos individuales, aunque dejaron olvidado el fervor patrio, que allí es moneda corriente. La amenaza no es una broma, pues tienen opción de poder si el centro izquierda español, no logra encontrar su camino. Y ya los hemos visto retratarse día a día en tantos municipios españoles, como para no mostrar inquietud.

Sin duda, un tercer problema, atenaza a nuestra democracia: La corrupción, como un mal endémico que debe repugnar a cualquier conciencia y contra la que debe luchar sin cuartel, pues en otro caso, nos encontraríamos al mismo nivel de los países del tercer mundo. Pero como digo, me voy a centrar en aquellos que desde dentro, pretenden destruir la nación más vieja de Europa.  

Ya en un lejano 1.922, Ortega y Gasset escribiría acerca de los incipientes regionalismos y separatismos como parte, -y cito textualmente-, del “proceso de desintegración que avanza en riguroso orden, desde la periferia al centro, de forma que el desprendimiento de las últimas posesiones ultramarinas parece ser la señal para el comienzo de una dispersión interpeninsular”. Por entonces, un estólido Sabino Arana, fundador del Partido Nacionalista Vasco, ya había escrito aquello de que “El bizkaino es de andar apuesto y varonil; el español o no sabe andar, o si es apuesto, es de tipo femenino”. Ya ven, todo un ejemplo de estadista, al que sus huestes siguen venerando y entregando premios en su nombre; individuo al que hago referencia, ya que la cosa hoy va de premios, aunque de muy diferente jaez.

En Octubre de 1.934, Luis Companys proclamaba el Estado Catalán, en un golpe de estado contra la legalidad republicana, que hubo que sofocar a cañonazos. Previamente, ese mismo año, el Parlamento Catalán aprobó la Ley de Contratos de Cultivo; el Tribunal de Garantías Constitucionales la declaró inconstitucional por Sentencia del 8 de Junio de 1.934; el Parlamento Catalán, en franca rebeldía, la aprobó de nuevo el día 14 para desafiar al Tribunal y al propio Estado. Les suena todo esto, ¿verdad?

Esta debiera ser la verdadera memoria histórica, más allá de burdos ajustes de cuentas con el pasado; como dice el viejo aforismo, conocer nuestra historia para no ser condenados a repetir sus errores. Naturalmente el Foro para la Concordia Civil no aboga por volver a colocar los cañones de Batet en la Plaza de Sant Jaume, pero sí apuesta por la firmeza del Estado de Derecho y la defensa del Principio de Legalidad, pues sin respeto a la Ley, no puede haber democracia. Y la democracia es como el amor de pareja, debe de ser reconquistado, alimentado día a día. La indolencia y la abulia política, esa astenia primaveral que embarga a nuestros dirigentes los 365 días del año cuando del asunto catalán se trata, nos condena sin remedio a la ruptura y, quién sabe si a una peligrosa balcanización; como la dejadez y la incuria se lleva por delante una relación amorosa.

Y es que no podemos conformarnos con el estado actual de cosas, “dejad hacer, dejad pasar”, parafraseando a Gournay. En el Foro para la Concordia no somos conformistas y por ello queremos premiar a aquellos que apuesten decididamente por la defensa de los derechos y libertades constitucionales, valores que en general consenso, dieron origen a un sistema que nos ha traído la prosperidad de la que hoy gozamos, si bien, como digo, con amenazas de tormenta por lontananza.

No podemos caer en el conformismo, porque tenemos sin duda, una ingente tarea por delante. La antiespaña, la España anticonstitucional, no descansa, queridos amigos. Mientras cualquiera de nuestros hijos no pueda cursar sus estudios en español en cualquier punto de la geografía nacional; mientras cualquier robagallinas esté en prisión, en tanto los que se saltan a la torera las resoluciones del Tribunal Constitucional enmascarando una auténtica sedición, gocen de toda impunidad; mientras a los ciudadanos de a pie se les aplique todo el peso de la Ley para pagar una multa de tráfico, en tanto los Pujol se sigan preguntando alegremente quien coño son esos de la UDEF; en tanto se siga permitiendo en Cataluña que se hagan listados de no afectos a la causa, recordándonos a la Alemania de los años 30; mientras algunos representantes del Estado a quienes todos pagamos, sigan mofándose del concepto de lealtad constitucional; permanecerá intacto el reto que hoy nos trae, siendo el premio que en este acto ve la luz, una modesta aportación para reconocer la labor de aquellos adalides del pensamiento democrático y premiar su labor en pro de los valores que pusieron negro sobre blanco en aquella España de 1.978.

No voy a cansarles más. Y para ello, quiero lanzar por último, un mensaje de optimismo. No perdamos la esperanza. Y para ello, vuelvo a bucear en el pasado. En 1.873, en plena Primera República, España sufría la debacle de tres guerras civiles: la última de las carlistadas, un levantamiento en la Cuba española y el simpático levantamiento cantonalista, por el que localidades como Camuñas, Alcoy, Sevilla, Tarifa, Gualchos, Motril, Granada o Cartagena, se proclamaban repúblicas independientes, declarándose incluso la guerra entre ellas. Todo esto, aderezado con el incipiente terrorismo anarquista, para que no faltase emoción alguna. Tal era la situación, que en una interminable sesión parlamentaria en la que nadie se ponía de acuerdo, el Presidente de la República Figueras, dijo “señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros”. Dejó una nota de dimisión en su despacho, se dio un paseo por el Retiro y, tras corta meditación, cogió un tren en Atocha y se autoexilió en París, añadiendo, supongo, un aliviado “ahí os quedáis”.

Y he aquí la moraleja que una vez más, nos deja nuestra rica historia: Si los motrileños no lograron finalmente su independencia, ¡como son los queridos motrileños con sus cosas!, les aseguro que los Puigdemont, Mas, Junqueras y demás ralea sediciosa, no lograrán su propósito. El Presidente Figueras pensaría que todo esto es un juego de niños comparado con las circunstancias que le llevaron a presentar su dimisión y a exiliarse por voluntad propia. Podemos augurar que los enemigos de España no podrán con la fe y la razón de la democracia, entendiendo ésta, indisolublemente unida al estado de derecho.

El Foro para la Concordia Civil hoy se viste de gala con la presentación de su premio, con un mensaje que son las dos caras de una misma moneda: la de la denuncia, sí, pero también la de la esperanza. Muchas gracias.

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