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No se cambia la sociedad por decreto

Nuestros gobernantes, en su alejamiento de la sociedad civil -de la que ellos un día surgieron-, están derivando abiertamente hacia políticas ordenancistas.

Quieren ceñir nuestra vida y costumbres a patrones predeterminados acordados en planes y proyectos que luego se traducen en normas administrativas que llenan las páginas de los boletines oficiales. La Administración metida a modista y a cocinera. Sin preguntar siquiera. Se nos dice cómo vestirnos, qué ingerir y qué régimen de vida llevar.

La nueva religión del ecologismo (a ese grado se ha llegado) y el culto a lo verde son bandera del progresismo en el tercer milenio, y se nos ofrece a los ciudadanos como el credo salvador de todas las miserias humanas.

Un fundamentalismo medioambientalista recorre los despachos oficiales. El fenómeno es más detectable en las Administraciones jóvenes, las autonómicas especialmente. Lo adoptan preferentemente formaciones de izquierda, y, con facilidad, salta a las páginas de los diarios oficiales.

En este sentido, la Administración andaluza se apresta a cortarnos esos trajes y a diseñar el menú que consumiremos, aunque no hayamos elegido ni los ingredientes ni el color del terno.

Sigilosamente, como los gobernantes gustan hoy tomar decisiones, ha aparecido en el B.O.J.A. del 9 de mayo el Acuerdo del Gobierno andaluz que aprueba la formulación de la “Estrategia andaluza de Desarrollo Sostenible 2020”. Un conjunto de propuestas, medidas y píos deseos a cuyo dictado los políticos y sus asesores quieren que la población de los próximos años ajuste su vida y sus quehaceres. La Administración pública actúa, pues, de cocinero y sastre.

El aludido Acuerdo está transido de inmejorables metas, excelentes ideales y ‘sagrados’ fines: aprovechamiento y potenciación de los recursos naturales; sostenibilidad (¡santa palabra ésta!); impulso del conocimiento humano; mejora de la calidad de vida; protección de la naturaleza y del medio ambiente; cohesión social; participación ciudadana; prestación y evaluación de políticas públicas; crisis financiera; cambio social… Nada nuevo en este discurso oficial. El ciudadano conoce perfectamente esta música y esta letra. Otra cosa son las realizaciones, casi todas incumplidas.

La “Estrategia Andaluza de Desarrollo Sostenible 2020”, con una jerga administrativa casi ininteligible, persigue diferentes objetivos.

Uno de ellos da pie a este comentario. Es el que llama más la atención. Dice que la Administración perseguirá “Modificar gradualmente los modelos de consumo y producción no sostenibles en la dirección de una economía verde”. ¿Nos van a cambiar las ensaladas? ¿La lechuga por endivias?

El ciudadano debe acrecentar su intranquilidad cuando el Acuerdo afirma que la “Estrategia Andaluza” también afectará a áreas como Innovación y Tecnologías; Gobernanza; Educación y Formación; Recursos naturales; Energía; Movilidad; Competitividad y Empleo; Desarrollo rural y Cohesión social…

Es decir, nuestra vida diseñada y modelada a gusto del político de turno cuando creíamos que vivíamos en un sistema político libre y que los poderes públicos democráticos respetarían al ciudadano.

Poco a poco el poder teje una tela. La tela del intervencionismo, del dirigismo. La tela de la intrusión en espacios y terrenos de la privacidad.

Le llaman ‘vida o economía sostenible’, pero, en realidad, se trata de puro intervencionismo administrativo.
Este intervencionismo me trae a la memoria las normas de vestimenta que Mao Tsé Tung impuso a sus conciudadanos. Todos los chinos debían vestir la conocida camisa de cuello redondo. Como buenos revolucionarios, debían seguir al “Gran Timonel”.

Lo peor es que quienes nos gobiernan desconocen que está dicho y escrito que no se cambia la sociedad por decreto. Así tituló el acreditado sociólogo francés Michel Crozier (1922-2013) una conocida obra suya (“On ne change pas la société par décret”, Grasset, 1979).

La tesis de Crozier es que la gran torpeza de la izquierda, y ahora también de la derecha, es querer cambiar la sociedad mediante normas (centenares de leyes y miles de decretos se pueden contar en la última década). Esta “alienación burocrática”, esta pretensión desde instancias oficiales colisiona con la libertad de los individuos. La sociedad no cambia mediante normas. La sociología de las organizaciones, de la que Crozier es un genuino representante, enseña que sólo el cambio social es el motor de la sociedad, no la burocracia.

Pero nuestros políticos no lo entienden o no quieren entenderlo. Se destinan y destinarán jugosas partidas a remunerar estudios e informes de técnicos y expertos para que los gobernantes adopten planes y medidas a fin de cambiar los hábitos de los ciudadanos.

Sólo las burocracias autoritarias logran implantar modas por decreto: Franco con el consumo único de productos nacionales; Castro con sus “guayaberas”; Chávez y Maduro con su ‘chándal’ y Mao Tsé Tung con su horrible camisa-uniforme.

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Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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