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Me permito disentir

Constituion-Española-SagradaEl pasado día 6 hizo 36 años que el pueblo español, en completa libertad, refrendó una Constitución que instauró un marco político, plural y representativo, donde reina la libertad.

Sabemos que ninguna ley es para siempre. En Derecho se dice que “lex posterior derogat anterior”. Pero si se trata del Pacto Constitucional que ha propiciado décadas de libertad y prosperidad, debemos de contemplar con respeto reverencial la posibilidad de tocarlo.

Hace meses que la reforma de la Constitución se contempla cual bálsamo curativo frente a los problemas, dificultades e insatisfacciones de los españoles.

El ‘animus reformandi’ domina a la clase política de nuestros días.

Ello no nos sorprende: la desafección constitucional es contumaz y reiterativa a lo largo de toda nuestra Historia constitucional. En cien años los españoles nunca hemos reformado ninguna Constitución y, por el contrario, hemos estrenado no menos de ocho Constituciones, incluso de signo opuesto, amén de las ‘non natas’.

Sí. No hemos enmendado ningún texto. Sencillamente los hemos sustituido, incluso revolucionariamente, dando bandazos. Es muy propio del español confiar la mejora de las circunstancias políticas y sociales al simple cambio de una norma, como si se tratara de un milagro.

Dudo de que el cumpleaños de nuestra Constitución haya sido feliz.

Pues, en efecto, hay quien quiere un proceso constituyente para sustituirla por otra de signo populista y… totalitario, en que las libertades y la propiedad privada enmudezcan porque la ideología revanchista de su mentor así lo dicta. Quién lo diría al cabo de los años…

Y está el caso del líder de la oposición, el señor Sánchez, que insistentemente quiere el Estado federal, herramienta que él cree curativa contra tres problemas: la crisis económico-social, la situación catalana y la corrupción. Cree que, cambiando el modelo de Estado, los independentistas, y todos los males que arruinan el actual panorama español, se evaporan. Quiere un modelo federal, “que reconozca las singularidades y los hechos diferenciales de algunas Comunidades”, cito textualmente. Claramente, señor Sánchez, usted lo que propone es que los españoles seamos desiguales, confederales. Usted cree que, cediendo, los nacionalistas se sacian.

Pues permítame que disienta. Si usted quiere un Estado versátil, flexible, ése es el actual Estado autonómico, que permite la mayor elasticidad y reconocimiento de las dichosas singularidades, que, por cierto, ya están reconocidas en los Estatutos de Autonomía. Pero separar las partes, primero, para, luego, pegarlas, federarlas, eso sí que es una pirueta política de alto riesgo. Y lo que es primero: ¿aceptan los independentistas federarse?

Lo dicho. Con estas ocurrencias y otros disparates más, temo que nuestra Constitución no haya tenido un día feliz.

¿Cuándo reinará la sensatez?

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Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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