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La sonrisa del destino

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eldiario.es/

A Pablo Iglesias le gustaría ser tan guapo como Pedro Sánchez, pero Pedro Sánchez les gustaría tener los votos de Pablo Iglesias. Podrías ocurrirles lo mismo que le ocurrió a Marilyn Monroe cuando le propuso matrimonio a Albert Einstein,

-Imagínese un niño con mi belleza y su inteligencia- le intentó persuadir la actriz.

A lo que el sabio replicó.

-Desafortunadamente temo que el experimento salga a la inversa y terminemos con un hijo con mi belleza y su inteligencia-.

Seguramente por eso Iglesias se ha apresurado a pedir la vicepresidencia y los ministerios de “soberanía”, para asegurarse que el niño sale con su inteligencia y la belleza del otro. Einstein se pasó de “mala leche” con la rubia y a Pablo se le fue la mano haciéndose el listo.

Afortunadamente para nosotros las cosas son más serias que en esas estupendas producciones televisivas de las que le gusta hablar al líder de Podemos con el Rey. Rajoy ha colocado las cosas en su sitio y ha devuelto a la política la sensatez que le estaba faltando.

Es falso que Felipe VI tenga la obligación de proponer al candidato del partido más votado. Acertadamente se habló desde Moncloa de “agradecimiento por la deferencia” del monarca con el presidente en funciones. Se entiende que el Jefe del Estado propone al Congreso al candidato que tenga más apoyos de los grupos políticos, de ahí la ronda de consultas.

Es absurdo que Sánchez se parapetara en la obligación del líder del PP de acudir a la investidura cuando este ya había manifestado sus preferencias para formas Gobierno y los socialistas le habían dado su negativa.

Y más absurdo es que Pablo Iglesias fuera a Zarzuela con la propuesta de un pacto que ni había comunicado al PSOE.

Con buen criterio el secretario general de los socialistas dejó claro la noche electoral a quién le correspondía la iniciativa en las conversaciones para la formación de Gobierno. Ahora bien, desde el día en que él mismo desbarató los planes de Rajoy negándose a cualquier entendimiento, entonces, ya tenía la obligación de trabajar en una mayoría alternativa.

Creo que Sánchez lo tiene bastante claro, “nuestros votantes no entenderían que Pablo Iglesias y yo no nos entendiéramos”. Quienes no lo tienen tan claro son otros en el PSOE. En ese caso la opción sería enfrentarse a unas nuevas elecciones transmitiendo el mensaje de que el ansia de poder de Podemos ha imposibilitado lo que ellos llaman un “Gobierno de progreso”.

Eso o tener altura de miras y posibilitar una legislatura reformista absteniéndose y pidiendo a cambio un precio razonable.

Rajoy ya ha dicho fuera mascaras. Iglesias ya le ha dado a Pedro Sánchez la pistola con la que suicidarse y va a descubrir, como en el relato de Poe, que está bailando con la muerte. La sonrisa del destino es una mueca de dolor.

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Autor del artículo: Alejandro Muñoz González

Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración, UGR. Experto en Liderazgo y Comunicación. Socio fundador del Foro para la Concordia Civil.

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