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Filosofía del Derecho

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Busto de Francisco Suárez en el claustro de la Facultad de Derecho

En este nuevo curso académico que se inicia el próximo día 23 de septiembre, se impartirá por última vez en la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada una materia como es la Filosofía del Derecho.

A pesar de que es el ámbito del saber en el que he desarrollado mi actividad docente e investigadora, por lo que podría pensarse que hablo por mero interés personal, que también, lo que por otra parte es inevitable, creo que se trata de un error de nuestra Universidad y en especial de su Facultad de Derecho, cuyos órganos de gobierno decidieron, me figuro que muy democráticamente, suprimir tal asignatura de sus planes de estudio. Desde que tuve conocimiento de tal decisión, pensé que no podía sino responder a los males que afectan de manera profunda a nuestra Universidad.

Pienso que hay dos razones que avalan que pueda considerarse tal decisión como errónea. La primera radicaría en la tradición. La Filosofía del Derecho, esto es, la Filosofía del Estado, la Filosofía Moral y Política, pues de todo eso es de lo que se habla bajo el rótulo de filosofía jurídica, ha estado presente en nuestra Universidad desde sus comienzos. No hace falta sino recordar el busto del granadino Francisco Suárez, que presidía el patio central de nuestra Facultad de Derecho y que ahora se encuentra desaparecido, quizá oculto para no tener que presenciar lo que se avecina. En el siglo XVII, el pensamiento jurídico-político europeo, esto es, universal, global diríamos hoy, estuvo articulado en torno al debate entre Hobbes y Suárez. Desde entonces con mayor o menor fortuna, ahora claramente con menor, muy menor, pues ha llegado a su extinción, la filosofía jurídico-política desempeñó siempre algún papel en la academia. No hace falta sino recordar nombres como los de E. Gómez Arboleya o N. López Calera.

La segunda razón radica en la misma importancia de la materia. Si prescindimos en la formación de los juristas de aquello que ya se eliminó en la de los politólogos y los filósofos, ¿qué queda? ¿Cómo podría entenderse el derecho como algo que va más allá de la mera fuerza o el interés siniestro de unos pocos, si no se muestran las razones que podrían justificarlo? ¿Cómo podría entenderse la democracia como algo que va más allá de un mero recuento de votos? ¿Cómo podría entenderse la legitimación de las decisiones mayoritarias como algo que va más allá de su arbitrariedad y contingencia? Estas son las preguntas que justifican el hecho de que la filosofía jurídica se imparta en la mayor parte de las buenas Universidades anglosajonas y alemanas. Esta es la razón por la que los grandes filósofos han dedicado en gran medida su reflexión a campos relacionados con los problemas propios de la filosofía práctica, esto es, aquellos que dependen de nosotros mismos y en los que se asienta la posibilidad de un orden medianamente razonable y, por tanto, con ciertas dosis de justicia. Baste recordar en esta hora a tres de ellos: J. Rawls y su teoría de la justicia, la teoría del derecho de R. Dworkin y las reflexiones de J. Habermas sobre una teoría democrática del derecho y el Estado.

Estas son las dos razones por las que no puede entenderse que nuestra Universidad, una Universidad que se quiere avanzada y situada entre las primeras, haya adoptado la medida de la supresión de la enseñanza de la Filosofía del Derecho, lo que se encuentra en contradicción con la tradición y la importancia de una materia, que goza del mayor reconocimiento en las Universidades más prestigiosas. En fin, estas son las razones por las que este último curso se impartirá esta asignatura, al menos en dos grupos de alumnos de la Facultad de Derecho, volviendo a leer fragmentos de la obra en la que esta materia alcanzó su más alta expresión: los “Principios de la Filosofía del Derecho o Derecho Natural y Ciencia Política” de G. W. F. Hegel. Así pues, una despedida a lo grande; en términos taurinos, una salida por la puerta grande de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada.

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