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Estanterías vacías

Voces autorizadas afirman que los españoles hemos iniciado un cambio de época. Lo que desconocemos es si el cambio será a mejor o a peor.

Ya en 2009 lo anunciaba el diplomático y político español Ignacio Camuñas en un ‘Informe’ de su autoría que tituló “El final de una época”. Y hoy el sociólogo Amando de Miguel acaba de publicar un libro que justamente titula “El cambio que viene”. Algo está cambiando, pues, en el panorama político de España.

Ignoro si la causa ha sido la terrible crisis económica que todavía sufrimos. Puede que existan más causas, como un cambio generacional, el agotamiento en la gestión de un sistema político, la fatiga de algunos materiales institucionales o un cambio de mentalidad. No en vano vamos ya mediada la segunda década del siglo XXI. Pero lo cierto es que estos y otros fenómenos están configurando un nuevo mapa social y un nuevo escenario político.

Cuando en el año 2011 hizo eclosión el conocido movimiento del “15-M” -que a todos sorprendió por aglutinar tantos seguidores- muchos nos preguntamos si ese novedoso fenómeno de masas duraría. Extrañaba entonces que tanta energía y caudal de propuestas careciera de una mínima organización y de un líder que lo acaudillara. Sin lo uno y lo otro, el fenómeno colectivo no duraría. El torbellino de masas bajo la denominación de “15-M” podría ser capitalizado, desde el punto de vista político, tanto por un brillante y seductor liderazgo de extrema izquierda como por otro de extrema derecha. Populismos los hay de las dos clases.

Hoy ese torrente político y social dispone ya de organización y de liderazgo. Ha nacido un nuevo partido al que las encuestas le reconocen un alto porcentaje de intención de voto con dos consecuencias: está sobrepasando al Partido socialista y fagocitando a los comunistas tradicionales. Es curioso el fenómeno: éstos están siendo diezmados al considerárselos una izquierda tradicional y acomodada en eso que llaman ‘el sistema’.

El pasado verano, tiempo en el que esta alternativa populista de extrema izquierda se ha afianzado, los analistas se preguntaban si el revolucionario experimento duraría. Todo es posible en política. Más tratándose del caso español.

Ambos requisitos (organización y necesidad de un liderazgo) se han cumplido: tenemos un nuevo partido que dispone de un taimado líder.

Pues bien. Nada de esto debería inquietarnos. Es propio de una democracia plural, aunque anuncian su destrucción. De ahí que experimentar ante ello cierta inquietud es razonable. El fundamento está en la ideología de los cabecillas y en las reivindicaciones que, en toda asamblea o ‘círculo’, se expresan y oyen.

Inquieta, en efecto, la ideología de sus dirigentes, vertida en escritos y declaraciones. Bien analizados, son marxistas en lo económico y comunistas en lo político, cuando ambas doctrinas y sus métodos la Historia confirma que han fracasado estrepitosamente, no sin antes haber causado considerables sufrimientos a los pueblos que los han padecido. Si nos fijamos en el talante de las nuevas caras, rezuman soberbia, autoritarismo. Rechazan la oposición democrática, los adversarios, a quienes más bien consideran enemigos. Son partidarios de imponer la estatalización o colectivización del sistema financiero y de la economía. Han hecho declaraciones sobre los MCS privados que rompen la igualdad de oportunidades y destruyen la iniciativa privada y la libre competencia.

Inquietan las reivindicaciones de sus seguidores porque destilan un perceptible aroma de revanchismo y rencor sociales. Si se añade que sus líderes han prestado asesoramiento a regímenes autoritarios, con la probada consecuencia del empobrecimiento que experimentan esos países y la indiscutible restricción de las libertades, se comprenderá que sintamos estremeciendo.

El pueblo español, por desgracia, sigue siendo un pueblo escasamente formado e informado en cuestiones políticas, de gobierno de la ‘res publica’. Es una presa fácil. Un terreno abonado para estos movimientos y facciones que se constituyen en los únicos intérpretes del ‘pueblo’ y de las ‘masas trabajadoras’ (la ‘gente decente’, dicen).

ATLAS/elmundo.es

ATLAS/elmundo.es

Son partidos que piensan que el gobierno debe constituir la expresión y el ejercicio de la voluntad popular, aunque en verdad sean movimientos oportunistas y circunstanciales, sin ideología definida, en los que la doctrina que se hila y se imparte es concebida y modelada desde arriba, según los jerarcas, convertidos en oráculos.

Cuando a los líderes les falta argumentos o razones, amenazan con sacar la gente a la calle y llenar las plazas. Las urnas para ellos solo sirven de legitimación inicial. Después, lo que verdaderamente les legitima es el desenfreno de las masas, el puro poder constituyente, hábilmente pastoreado por los caudillos populistas. Venezuela y Cuba están ahí reflejadas.

Recordemos que las libertades se alcanzan tras enormes sacrificios. Pero se pierden con facilidad en una noche.

Después, podemos vaciar las estanterías.

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Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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