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Esperando la declaración

Puigdemont en su estrado en el Parlament repasa su intervención el 10 de octubre. Foto: Reuters

He repasado la prensa local antes de escribir este comentario por si podía eximir a nuestra estimada audiencia de tratar otra vez del asunto catalán. Pero más allá de la novedad tranviaria, que tanta alegría suscita en  las autoridades de la Junta, no he encontrado otro asunto interesante -para desgranar un comentario ante el micrófono de Onda Cero-  que no sea tratar de un golpe de Estado anunciado.

Reconozcamos que la convocatoria de un Pleno del ‘Parlament’ para esta tarde nos tiene en vilo. El Gobierno separatista de Puigdemont, urgido por los ‘revientasistemas’ de las CUP, acelera el motor de la nave rumbo a consumar la locura: la separación de Cataluña del resto de España.

Por otra parte, la manifestación del domingo pasado en Barcelona fue una concentración histórica en defensa de una Cataluña española y de las libertades y derechos de todos sus ciudadanos. Una manifestación de cientos de miles de personas hartas de presiones, de chantajes y de invisibilidad. Ya era hora de que se reaccionara. Y por eso se reunieron en Barcelona cerca de un millón de personas, para detener el “procés” y exigir la vuelta a la sensatez y la legalidad.

Sin embargo, en esta hora es lícito preguntarnos si ese río de gente, que fue la manifestación del domingo, va a servir para algo más que expresar un estado de ánimo, un clarinazo a las autoridades o un apoyo a la Constitución; si va a servir para frenar al separatismo. Y, en segundo lugar, podemos plantearnos, con toda razón, si ese caudal de energía y calor humano, que supuso la masiva manifestación, va ser aprovechado con eficacia e inteligencia por el Gobierno Rajoy.

Se acerca la hora de la verdad, como a los taurinos les gusta decir. Se acerca la hora en que no caben evasivas ni ambigüedades. Si Puigdemont, en contra de la Constitución, de espaldas a la soberanía nacional, declara la independencia de Cataluña, el presidente Rajoy tiene que disparar toda la artillería constitucional, caiga quien caiga. La conducta de Puigdemont y todo su Gobierno es gravísima. Supone un verdadero “casus belli” al que hay que responder con todos los instrumentos legales que la Constitución pone en manos del Gobierno.

No hay que temer cumplir y hacer cumplir la Constitución. Temamos más a la cobardía, a la parsimonia e inactividad, que nada bueno traen.

Hay un viejo y clásico aforismo jurídico que dice: “Fiat iustitia, pereat mundus”. O sea, “Hágase la justicia aunque perezca el mundo”.

Vienen tiempos difíciles.

Tiempos a los que hay que hacer frente con unidad, con la razón y con la ley, que las tenemos de nuestra parte.

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Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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