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Enemigos de la democracia

Si alguien me preguntara cómo se destruye la democracia le contestaría que la democracia se destruye en una sociedad libre, como es la española, cuando concurren varios factores. Bien cumulativamente, bien por separado. Esos factores son la corrupción política, el nacionalismo y el populismo. Ellos son enemigos de la democracia.

La corrupción es, desde el punto de vista político, la falta de ética y honradez de los gobernantes y de las Administraciones públicas, que lleva a la sociedad a una confusión de valores y a la desestabilización del régimen político.

El nacionalismo es la exacerbación del sentimiento nacional acompañado generalmente de xenofobia. Es también la aparición del afán separatista en los Estados multiculturales, como es el caso de España.

Hay un nacionalismo que podríamos llamar ‘sano’ y otros nacionalismos que pueden calificarse de ‘enfermizos’, ‘morbosos’ o ‘patológicos’, que son fruto de la perversión nacional, como el fascismo y el nacionalsocialismo. El nacionalismo porta el virus de la confrontación y la exclusión, y en el siglo pasado fue causa de las dos Grandes Guerras Mundiales.

En los últimos tiempos, por la tremenda crisis económica y social desatada a fines del 2007, han surgido en España unos grupos y movimientos políticos de corte populista, como es el caso de ‘Podemos’ y sus variadas confluencias. Se caracterizan estos partidos por la permanente protesta, por querer reventar el sistema político imperante al que consideran su enemigo, por dar respuestas simples a problemas complejos, hechizando a los ciudadanos, a los que ellos llaman ‘gente’, y ser todo ello aprovechado por un caudillo oportunista que se erige en apóstol y protector del pueblo. Naturalmente, el populismo no soluciona nada, sino que todo lo empeora.

Si observamos la realidad de Cataluña veremos que concurren los tres factores anteriores que están destruyendo la democracia y las libertades políticas de los catalanes, con riesgo de contagio a toda España. En efecto, en Cataluña se da la corrupción, que ha llevado a varios políticos a la cárcel y a la desaparición de algún partido político, célebre por exigir el 3%.

Pero también Cataluña perece hoy víctima de un ciego e insolidario nacionalismo, que ha provocado la intervención extraordinaria del Estado y el cese de su autogobierno.

Y, para colmo de males, en Cataluña hay un populismo institucionalizado, personificado en la figura de la señora Colau y sus muchachos, de vuelo corralero y de activismo social trasnochado, con la brújula política absolutamente disparatada.

Las tres metástasis de la corrupción, el nacionalismo y el populismo corren hoy por el torrente sanguíneo de la democracia parlamentaria española, con grave riesgo de matar al enfermo.

El antídoto es claro: contra la corrupción, honradez; contra el nacionalismo, la universalidad, y contra el populismo, acabar con sus mentiras.

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Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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