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EL gran teatro del mundo

El lector avezado sabe que el título del presente comentario lo tomo prestado del genial dramaturgo madrileño Pedro Calderón de la Barca, que así puso nombre a uno de sus más famosos autos sacramentales.

La enseñanza que se obtiene de la citada obra es que, en efecto, el hombre nace con un papel que, a lo largo de su vida, representará con mejor o peor fortuna.

A estos efectos resulta interesante reproducir alguna estrofa de esta genial obra de Calderón, como por ejemplo la que sigue:

elpais.com

elpais.com

“No olvides que es comedia nuestra vida
y teatro de farsa el mundo todo,
que muda el aparato por instantes
y que todos en él somos farsantes”…

Todo lo anterior viene a cuento de las tres noticias que el pasado jueves día 20 de noviembre conocimos. Tres noticias totalmente desiguales que corresponden a tres mujeres con papeles bien distintos. Sólo una de ellas demuestra entrega a la sociedad.

Comencemos. Primero fue el fallecimiento de la aristócrata Cayetana Fitz-James Stuart, con cuarenta títulos nobiliarios y catorce veces Grande de España. En la vida esta mujer representó un papel que ahora podemos acercarnos a valorar. En mi opinión, con todo respeto, creo que la duquesa se movió demasiado en el plano del folclore, de la frivolidad. De ella se podría salvar su faceta de mecenas de la cultura, pero excesivamente limitada al ámbito sevillano. La duquesa aparecía demasiado en las publicaciones del ‘corazón’. “Vivió como sintió”, dicen que quiso para su epitafio. Podemos añadir: tal vez porque económicamente pudo hacerlo.

La segunda noticia fue el ingreso de la tonadillera Isabel Pantoja en una penitenciaría para cumplir condena. Otra vida. Otro papel. Otra mujer. Esta sí es plenamente del mundo del folclore, de la farándula, de las noches de Marbella y del Rocío. Tuvo malas compañías. La relación con Julián Muñoz no le benefició. El comentario más respetuoso que se puede hacer en este momento de su ingreso en prisión es el que formuló a fines del siglo XIX la primera mujer abogada española, Concepción Arenal, que sentenció: “Odia el delito; compadece al delincuente”.

Y la tercera noticia. Se trata de otra mujer, con un papel bien distinto: una médico cooperante que se desplaza a Mali y arriesga su salud y su vida para cuidar a enfermos del Ébola. A diferencia de la duquesa y de la tonadillera, nadie conoce su nombre, nadie sabía de su existencia. La noticia surge en el mismo día, pero qué distinto papel le ha correspondido representar a esta última: ser médico y arriesgar su vida para salvar otras.

Qué diferente papel en el gran teatro del mundo el de cada una de estas mujeres.

Yo me quedo con el papel de la cooperante.

¿Y ustedes?

 

 

 

 

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Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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