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El espíritu de Múnich

Concentración convocada por el régimen contra el “contubernio de Múnich”/rtve.es

Lejos del memorialismo histórico de cuño “zapaterista”, alicorto y sectario, hay páginas de nuestra Historia política contemporánea que hoy apenas se conocen, o no se recuerdan, y, sin embargo, contienen hechos o acontecimientos de gran relevancia y trascendencia que coadyuvaron a la recuperación de las libertades y de la soberanía del pueblo español a finales de los años setenta del pasado siglo.

Son páginas que recogen personajes y actuaciones que el gran público ha olvidado o no los tiene hoy presentes. Y, sin embargo, aun rodeados de un clima político muy adverso, la dictadura franquista, se atrevieron a reivindicar para España y los españoles el restablecimiento de las libertades políticas; un papel relevante para nuestra patria en la incipiente Europa comunitaria; y la instauración del sistema de gobierno propio del Estado democrático de Derecho.

En efecto, semanas atrás se han cumplido 54 años de aquella primavera de 1962, del 5 al 8 de junio, en que tuviera lugar en Múnich el Congreso del Movimiento Europeo, que ofreció la oportunidad a la oposición antifranquista, del interior y del exilio, de reunir a más de un centenar de compatriotas para evidenciar ante Europa y el mundo los rigores del Estado del 18 de Julio y la carencia de libertades que se padecía en la España de entonces, resultado de la implantación de una dictadura como salida a una cruel Guerra civil.

Con ojos de hoy, sorprende la diversidad y el pluralismo ideológico de los protagonistas y asistentes a aquella reunión significativamente calificada por el franquismo como el “Contubernio de Múnich. En efecto, era un   contubernio. Pero por la libertad y la democracia, bienes políticos ausentes en aquella gris y desesperanzada España de los sesenta. También conmueve comprobar el acuerdo político e institucional al que llegan esos españoles, procedentes de los más variados campos del pensamiento político. Entre otros, allí coincidieron personalidades tan dispares como Salvador de Madariaga, Rodolfo Llopis, José María Gil Robles, Joaquín Satrústegui o Dionisio Ridruejo. Ellos fueron capaces de entenderse porque lo principal era testimoniar de cara al exterior la existencia de un régimen político autoritario, y exponer a las autoridades franquistas la irrenunciable exigencia de respetar los derechos de la persona humana, la democracia y el Estado de Derecho. Este centenar de compatriotas fue represaliado y sancionado por el “Régimen” nada más terminarse los trabajos del Congreso de Múnich: fuertes multas, el confinamiento o el exilio.

En el haber de los reunidos en la ciudad alemana figura el honroso balance de haber defendido los intereses de España y la libertad de los españoles. Compárese con el absurdo comportamiento de la actual clase dirigente, incapaz de ponerse de acuerdo ni siquiera para la investidura de un candidato a la presidencia del Gobierno. Inaudito. Aquellos políticos, con su arriesgado atrevimiento, que desafió a las iras del franquismo, pusieron la primera piedra del edificio de la Transición, que advino una vez fallecido el general.

Se habla con frecuencia, afortunadamente, de la Transición (1976-1978), audaz y brillantemente lograda por Adolfo Suárez. En cambio no se oye hablar ni se lee casi nada del Congreso de Múnich convocado por el Movimiento Europeo en 1962, donde se sentaron las bases ideológicas pluralistas y se anticiparon los fundamentos políticos de lo que vendría posteriormente. Por ello, algunos aciertan calificando estos hechos históricos como la Pre-Transición.

Cuando los españoles padecemos un clima político de desencuentro e intolerancia, resulta admirable encontrar aquellos discursos que se pronunciaron en las sesiones del citado Congreso, llenos de afirmaciones premonitorias, sedientas de libertad y democracia. Maravilla descubrir el discurso de Salvador de Madariaga cuando dice: “Yo os aseguro que en la historia de España el Congreso de Múnich será un día singular y preclaro. La guerra civil que comenzó el 18 de julio de 1936, y que el régimen ha mantenido artificialmente con la censura, el monopolio de la prensa y radio y los desfiles de la victoria, la guerra civil terminó en Múnich anteayer, 6 de junio de 1962”.

Por su parte, Gil Robles interviene y afirma: “”Los españoles que estamos aquí, estamos convencidos de que el pueblo español no se considera incompatible con los ideales democráticos. Estamos convencidos de que somos capaces de instaurar y de mantener un régimen político basado en el reconocimiento y la garantía efectiva de las libertades esenciales […], conforme al principio de autodeterminación política que permita al pueblo español ser dueño de su propio destino”.

Hoy, cinco décadas después, con un escenario político realmente frustrante e inquietante, resultan estas palabras un bálsamo mitigante.

Por el bien de la convivencia de los españoles, es necesario recuperar el espíritu de Múnich: tolerancia, entendimiento y defensa de los intereses generales.

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Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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