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El dique (¡salvad al PSOE!)

psoe-petalosUtilizo la palabra dique en el sentido de “obstáculo o defensa opuesta al avance de una cosa perjudicial”. El   mapa político y parlamentario español ha quedado desfigurado y fragmentado desde las elecciones del 20-D del 2015. Algunos se vanaglorian de haber finiquitado el   bipartidismo, todo un triunfo para sus extremas posiciones y radicales pretensiones.

En estas circunstancias, el Partido socialista está inmerso en una doble y grave crisis, ideológica y de identidad por una parte, y, de otra, sufre los  desvergonzados y sibilinos embates de la formación podemita que, a toda costa, desea engullirlo para, posteriormente, ocupar su espacio político. De esta manera, en el espectro político no quedarían más que dos opciones políticas: la liberal-conservadora, y ellos, la extrema izquierda populista y antisistema. ‘Podemos’ y sus filiales serían, según este inconfesado plan, la oposición por antonomasia frente a los ‘populares’. Así, el movimiento populista, rayano en la locura, sería la futura alternativa de gobierno frente a moderados y conservadores.

En cierto modo al punto ha estado de cuajar ese intento de formar Gobierno con podemitas, separatistas y republicanos independentistas, a cuya cabeza pretendía  situarse el defenestrado Secretario general, Pedro Sánchez.   Afortunadamente, socialistas discrepantes de un Gobierno “Frankenstein” o de “Rufianes” (en feliz expresión de Ignacio Camacho) lo han impedido. En su lugar han acordado mayoritariamente, con gran sacrificio de la organización socialista, la abstención para desbloquear la formación del Gobierno.

Por tanto, por el momento, se ha frustrado la arriesgadísima operación consistente en que Pedro Sánchez, con el concurso de Iglesias y su amplia y revolucionaria familia, llegara a La Moncloa con un disparatado programa de (des)gobierno cuyas primeras metas a alcanzar eran la liquidación del sistema de 1978: República frente a Monarquía parlamentaria; Estado autoritario frente a Estado de Derecho; soberanismo frente a autonomía política; intervencionismo frente a economía de libre mercado, y una tensión suicida frente a la Unión Europea.

Sánchez ha colocado a su partido en una difícil situación. Sánchez es un desviado alumno del ‘zapaterismo’. El ex secretario general ha conducido al PSOE a la más baja estima electoral de los últimos quince años. Incompresiblemente, Sánchez ha alejado a su partido de las coordenadas sensatas, progresistas y reformistas que caracterizan a la socialdemocracia europea, y cuyo impulso y orientación política y económica ha permitido construir el ‘Welfare State”, el Estado del Bienestar o Estado providencia, que arranca de las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial y llega a nuestros días en  estrecha colaboración con la ideología de centro-derecha. Esta coalición política estratégica ha alumbrado el Estado social y post-industrial de nuestros días, envidia de otras regiones mundiales.

La posición ideológica de Sánchez ha ido retroalimentándose, instrumentándose y aliándose con los dictados de ‘Podemos. Ahora nos hemos enterado: “España es una nación de naciones”; y Sánchez sostiene “colaborar codo con codo con ‘Podemos’ para “regenerar el país” (sic). Ese ‘desideratum’ significa que Sánchez está dispuesto a dinamitar la posición socialdemócrata de su partido y a destruir el centro-izquierda, algo absolutamente perjudicial para su partido y para el sistema político y constitucional de 1978.

Hoy el ex secretario general, en lugar de escuchar a la organización, a la estructura de su partido, antepone acudir a la militancia, “a la gente”, y, en este sentido, “echa de menos la relación con ‘Podemos’.

Minusvalora el cuestionado líder izquierdista el peligro que supone echarse en brazos de un movimiento populista como el de Iglesias, voraz engullidor de partidos tradicionales para convertirse en el único de la izquierda, y, por tanto, ser la alternativa lógica y agresiva al Partido Popular.

Se pretendería alcanzar La Moncloa como Hitler ocupó la Cancillería alemana en enero de 1933 y jamás abandonó el poder. Sánchez no ha meditado suficientemente lo sucedido con Izquierda Unida desde el momento en que ésta se coaligó con ‘Podemos’: su desaparición. Los herederos de Santiago Carrillo han sido fagocitados por las huestes de Iglesias con gran regocijo.

Sánchez ha cometido gravísimos errores que han hundido a su partido y lo han dejado en extrema debilidad y preocupante situación. Sánchez no ha comprendido que provocar problemas al PSOE es provocar problemas a la democracia, al sistema de 1978 y a España. La posición errada de Sánchez recuerda, ‘mutatis mutandis’, y con la debida distancia, la deriva histórica de Largo Caballero en los Gobiernos  de la Segunda República: una trayectoria leninista frente a la más conciliadora y moderada que representó Indalecio Prieto.

Hoy, frente a la insensatez y extremosidad de Pedro Sánchez, todos debemos acudir a levantar un dique frente al disparate populista y salvar al Partido socialista de una catástrofe que sería la de nuestro Estado democrático de Derecho.

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Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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