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Comunismo, cristianismo y… “Podemos”

Dani Pozo/AFP/elmundo.es

Dani Pozo/AFP/elmundo.es

Un amigo madrileño militante de “Podemos” me comunica, en el fragor de una discusión filosófico-teológico-política, que recientemente el Papa Francisco ha dicho que “los comunistas son cristianos. Le falta ná para decir que el cristianismo es comunismo”. Vaya, vaya con el Papa. Lo primero que dice (que el comunismo ha robado a la Iglesia, diecinueve siglos después, la bandera de los pobres: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/06/29/actualidad/1404035520_598623.html) es sensato, pero lo de “podríamos decirles: ¡Pero si sois cristianos!” me resulta inverosímil. Mejor: increíble. Que no me lo creo, aunque lo diga el Papa (de todos modos, no lo encuentro en el enlace a la entrevista del diario italiano).

Porque Jesús (el comunismo, no) tenía clara la diferencia entre pobres en el bolsillo y pobres en el espíritu; o pobres de cartera y pobres de corazón (los “pobres en el espíritu” del Decálogo cristiano de la Felicidad, o Bienaventuranzas), que son cosas distintas por muy juntas que estén y aunque empiecen por “c” las dos. Hay pobres o faltos de vil metal (“maldito parné”, que dice la raza calé en su idioma caló) que, en su alma, anhelan más que el que les ha robado, y sólo envidian su oportunidad.

Ésos son fáciles de movilizar con un mensaje ajustado a su pobre espíritu o pobreza moral, por ejemplo: “Venid a mí los que queréis una paga aunque no deis palo al agua y veáis enfermar a los que os la pagan”. Es la única explicación, ya conocida e históricamente recurrente, de que en situaciones de crisis suban como la espuma los partidos que tocan la tecla del interés “mundano, demasiado mundano” y de pasiones poco nobles como la ira y la envidia: el resentimiento, en una palabra, del que ya Nietzsche alertaba contra el comunismo; o, para ser justos, hasta el propio Marx, en sus juveniles y hasta 1932 inéditos Manuscritos económico-filosóficos, en los que denunciaba el “comunismo vulgar” (el único que arrastra al vulgo y ha tenido éxito en la historia).

Distinto sería un partido verdaderamente cristiano, el partido que en espíritu, a mi juicio, se llamaría “DEBEMOS” y cuya medida-estrella de propaganda bien podría ser: “Deber de contribuir voluntaria y gratuitamente a la comunidad por el mero hecho de ser humano (ciudadano, si quieren)”. Eso tiene menos tirón electoral, sin duda. Por eso, a los tres días de enterarse quienes habían aplaudido y saludado a Jesús con palmas y olivos a su entrada en Jerusalén de que su reinado no iba a consistir en acabar con los enemigos y repartirse la pasta, les faltó tiempo para elegir a Barrabás cuando les preguntó Pilatos quién les caía más simpático y querían más cercano. Y mandaron a la cruz al que la predicaba.

Y es que ya lo dijo Jesús antes del episodio de marras, porque contemporizaba bastante menos que Bergoglio (qué pena; lo de Bergoglio, digo): cuidado con los falsos profetas, lobos vestidos de corderos (sean de la U. Complutense, sean del Vaticano mismo; a mí eso me resulta indiferente; procuro no alimentar ningún prejuicio). “Por sus obras los conoceréis”. Por ejemplo: la obstrucción y desprecio unilateral y bullangero a Rosa Díez en la U. Complutense para reprimir su libertad de expresión (http://tv.libertaddigital.com/videos/2014-06-05/asi-miente-pablo-iglesias-6044932.html) basta y sobra para reconocer quién es quién y no perder más tiempo escuchando fatuos discursillos de rancio comunismo (no menos criminal, históricamente, que el fascismo y el nazismo; bastante más que el franquismo, desde luego, si es que no hemos perdido el oremus y decimos cualquier cosa a la moda política de París, de Madrid o de Podemos).

Vaya, vaya con el Papa. Menos mal que yo ni en el mismísimo Jesús creo sólo porque Él dijera esto o lo otro (no podría, aunque quisiera, como enseñó Kant: uno siempre juzga con su conciencia, oscura o clara), sino que creo en Él porque lo que dijo captura mi entendimiento (quiero decir: lo libera) y ensancha mi corazón para lo bueno; no para cualquier cosa, claro.

Jesús era más que bueno. Este Papa parece buenista. Pues no me gusta. En todo caso, creo que un auténtico demócrata debe apelar, crea lo que crea, no a Jesús, ni a Pablo ni a la Iglesia, ni a Franco ni a Pablo Iglesias, sino a su propia conciencia: ésa luz que nos ilumina a todos cuando no queremos cegarnos.

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