•  
  •  

Camino al 18 de julio

Portada del libro de Stanley G. Payne.

Portada del libro de Stanley G. Payne.

Como todos los años por este tiempo, aprieta el calor. Nos acercamos al estío. Y también a una efeméride muy polémica. Hay dos fechas en el ‘santoral’ político de España que aún hoy, cercano ya casi el siglo, despiertan sentimientos encontrados y febriles entre los españoles: el 14 de Abril de 1931 y el 18 de Julio de 1936.

A veces, oyendo a unos y a otros, parece que el tiempo no ha pasado. Todavía los sentimientos y las huellas están a flor de piel. Pero lo más sorprendente: demuestra el comportamiento actual de muchos españoles, sean líderes o simples ciudadanos, que ambas fechas permanecen todavía frescas en el pensamiento celtibérico. Estas reflexiones me sirven de prólogo a la idea que hoy quiero desarrollar cuyo objetivo es siempre difícil: la aproximación a la verdad histórica.

En efecto. La experiencia me dice que cuando se acerque la fecha del 18 de Julio aparecerán en las páginas de los diarios y en las tertulias de la radio y la televisión testimonios interesados argumentando sobre la maldad de un golpe militar de Estado que acabó con una feliz Arcadia republicana. Un levantamiento que terminó con una República democrática, progresista, que gobernaba los destinos de España en un ambiente de serena paz y fructífera vida ciudadana. Una rebelión castrense que se llevó por delante un régimen político asentado y estable, que procuraba a todos los españoles paz, respeto a la vida y a la propiedad privada, consideración a sus creencias políticas y religiosas, y que un día ciertos militares díscolos cercenaron caprichosa e injustamente, cegando a los españoles la senda del progreso y la felicidad.

Esta es la idea que los partidarios de la Segunda República (1931-1936), y de instaurar la Tercera, se empeñan en transmitirnos y en inculcar a las generaciones posteriores. Es un discurso que personalmente lo he oído y he tenido que rebatir. Tal posicionamiento intelectual es propio de personas poco escrupulosas con la verdad y con la Historia. Sí es verdad que existía un régimen político, el republicano. Y sí es verdad que hubo un alzamiento (no contra la forma republicana en principio), encabezado por un sector del Ejército, pero, queridos amigos, la República fue la primera en darse contra sí golpes de Estado (Asturias, 1934; Coronel Casado, 5.3.1939) y la República no era un oasis ni un remanso de paz; no era un régimen equilibrado donde se ejercían los derechos y las libertades con respeto mutuo y recíproco; no era un sistema político donde los poderes públicos se atuvieran a la legalidad constitucional, sino donde se falseaban los procesos electorales y se repartían los cargos en función de las componendas de las camarillas de los partidos políticos y los intereses personales. Como muestra de la anarquía que imperaba (sí, anarquía) baste dar el dato de que entre el 14 de Abril de 1931, fecha de la proclamación de la República, y el 1 de Abril de 1939, fecha de la terminación oficial de la Guerra Civil, hubieron ¡26 Gobiernos! Incluso podemos añadir otro dato: dentro del la misma República hubo territorios que no reconocían a las autoridades centrales de Madrid y poseyeron su propia moneda y hacienda. Caos, sería la palabra para describir los meses anteriores al 18 de Julio.

Nada mejor para corroborar lo que antecede que auxiliarnos de la bibliografía histórica sobre el particular. Recientemente el prestigioso historiador hispanista estadounidense Stanley G. Payne ha publicado un libro definitivo (“El camino al 18 de Julio”, 2016, 423 págs.) que estudia el período de diciembre 1935 a julio 1936. Tal período el catedrático de la Universidad de Wisconsin-Madison lo subtitula significativamente “La erosión de la democracia en España”, expresión que significa que la República de 1931 había dejado de ser una democracia vigente. Para Payne, la Segunda República sufre un colapso entre los años 1933 y 1936, “en los que tuvo lugar el conflicto y declive de aquélla, y en la última etapa tiene lugar la “desunión” de la sociedad civil española, punto de inflexión de su historia más reciente” (págs. 9-10).

Esto es lo que los republicanos deben contar si quieren atenerse a la verdad y a la Historia. Separarse de este relato y fabular creando un cuadro y un escenario idílicos sobre la Segunda República española es, sencillamente, mentir. Y aún más: flaco favor le hacen al régimen republicano, un régimen en el que, según afirman los filósofos y pensadores, la ética civil es la base sobre la que se fundamenta y se levanta el pacto social de la convivencia republicana.

Cuanto más se airee la tricolor en algaradas, más se falta a la ética republicana.

¡Comparte el artículo en redes sociales! Tweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someoneShare on FacebookShare on LinkedIn

Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

X