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Alta tensión

El Confidencial (Reuters)

Vivimos horas tristes, tensas e inquietantes. Hay motivos para la preocupación. Hoy podemos preguntarnos si estamos mejor que ayer. Nada nuevo sobre lo ocurrido el domingo en Cataluña. Pero sí puedo darles mi  interpretación de lo sucedido: el Estado, que llevaba años desaparecido de  Cataluña, no tuvo plena fortuna en impedir una consulta suspendida por inconstitucional.

Mientras el presidente Rajoy afirmaba que no habría referéndum en Cataluña, la televisión mostraba masas enfervorizadas de personas introduciendo, sin control, papeletas en cajas de plástico.

Lo que vimos el domingo estaba anunciado. Los separatistas no lo ocultan. Y el Estado, dormido. Inerme. Y los españoles, confusos y desorientados. Ahora está reaccionando la sociedad civil: el día anterior o el mismo día.

A pesar de que los golpistas han cruzado todas las líneas rojas y han violado el ordenamiento constitucional, siguen libres. En la calle, y en absoluta rebeldía.

Ellos, aunque de ideología diferente y hasta contraria, se presentan cohesionados y con un objetivo que les une: separar Cataluña de España. Los otros, los que podemos llamar constitucionalistas, no se ponen de acuerdo ni para ir a comer. Esa es la diferencia. Y esa es nuestra debilidad.

El Estado, en general, y el Gobierno, en particular, no han tenido, aparentemente, consciencia del peligro separatista y de que éste avanzaba. Algunos hemos venido alertando de lo que podía llegar. Lo más suave que nos han dicho es “locos”. O, simplemente, se nos ha ignorado.

La secesión catalana no ha sido tomada en serio hasta ayer mismo. La sociedad ha permanecido incrédula. Pedíamos que el Estado estuviera presente en Cataluña y que ofreciera a nuestros compatriotas catalanes un proyecto ilusionante. Un relato, como se dice ahora, que demostrara que es mejor permanecer juntos que separados. Se ha renunciado a pinchar esos globos de colores, como el “derecho a decidir, que no existe, o el “España nos roba, que es enteramente falso.

A pesar de la ilegalidad de la conducta de estos gobernantes y dirigentes separatistas, los vemos libres y conspirando. Vista la eficacia de la teatralidad que pone en práctica la banda de Puigdemont, dudo de que el Estado esté ganado el pulso. Fue, en realidad, el domingo un día muy triste para España y los españoles.

Lo peor es que las cosas no han terminado. Vienen curvas. Ahora los golpistas anuncian la declaración de independencia. En la hora más débil del Estado, y con la angustiosa división de las fuerzas partidarias de la Constitución.

Sólo un hercúleo esfuerzo político en defensa del Estado y de la Constitución puede hacer que recobremos el terreno y el tiempo perdidos.

Otra vez, España contra España.

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Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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