•  
  •  

Algún día habrá que contar esa historia.

Pablo Iglesias, con 5 años, disfrazado de monaguillo, con la pipa de su padre./elmundo.es

Pablo Iglesias, con 5 años, disfrazado de monaguillo, con la pipa de su padre./elmundo.es

El otro día El País publicaba una entrevista con el Decano de Políticas de la Complutense. Lo noticiable del Decano, (como todo lo noticiable últimamente) era su relación con Pablo Iglesias. Hablaba sobre las correrías universitarias de la estrella ascendente de la crisis política, de cómo se entretenía jugando con los conceptos posobrerismo italiano, hegemonía en Bolivia o epistemología del sur. Pero, -Pablo sí tenía una posición, muy minoritaria en la academia, que es la de hacer política además de analizarla-, ¡ah!, el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Al correr del tiempo nos referiremos a la Facultad de Políticas de la Complutense con el mismo tono con el que Franco se refería al Sahara, -ahí empezó todo-. Los recuerdos del Decano pronto tendrán el mismo valor que los del profesor Slughorn. Descender por el pensadero del profesor Dumbledore para recomponer el pasado de Pablo Iglesias e ir rescatando sus horrocruxes quedará como tarea pendiente para el futuro. No es descartable que, como en la ficción de J.K.Rowling, el desarrollo de los acontecimientos obligue a alguno que otro a manipular sus recuerdos por vergüenza.

Nadie hubiera presagiado el que la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense estuviera en manos de radicales fuera a ser transcendente para su vida, y sin embargo… Es verdad que Pablo Iglesias e Íñigo Errejón han puesto de moda la Ciencia Política pero ha sido a base de amenazas. Quién se planteaba años atrás que lo que alguien aprendiera en la Universidad iba ser relevante para la vida del Estado y de la nación. Podemos es la rebelión de unos empollones que se han empeñado en demostrar que las tesis sí son importantes y están dispuestos a dar un golpe de Estado para llevar a la práctica lo que una vez les enseñaron en las aulas.

Durante años y años las humanidades han estado en manos de gente como esta. Hemos dejado al cuidado del pensamiento a radicales porque, total, era algo irrelevante. Ahora vamos a pagar muy caro este error. Salvo honrosas excepciones la ideología se ha enseñoreado sobre la crítica y la verdad y a nadie le ha importado el encapsulado mundo universitario. “Se deslizaron a una especie de romance primitivista que idealizaba cualquier forma de vida que pareciese diferente a la nuestra. Siendo inteligentes, parecían usar su cerebro para entontecerse”, lo dice Marshall Berman y cualquiera medianamente honesto intelectualmente reconocerá en esas palabras la realidad de la Universidad española.

La burguesía produce sus propios sepultureros, que se lo digan a Iglesias y a su beca de Caja Madrid. Lo cierto es que hemos invertido mucho dinero en formar intelectuales radicales de la nueva izquierda antisistema. Lo hemos hecho bien. Ya apenas queda ir levantando acta de lo que suceda, bastará con transcribir las interminables y tediosas tesis de una generación de politólogos perdida para la libertad; ganada para el poder.

¡Adelante chicos! ¡Autodestrucción innovadora!

Algún día habrá que contar esa historia. La historia de los que se quedaron por el camino y de los que llegaron a la meta. La historia desde el principio. Las pequeñas historias de cada cual que al final encajan como las piezas de un puzle que forma la historia.

¡Comparte el artículo en redes sociales! Tweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someoneShare on FacebookShare on LinkedIn

Autor del artículo: Alejandro Muñoz González

Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración, UGR. Experto en Liderazgo y Comunicación. Socio fundador del Foro para la Concordia Civil.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

X