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¿Adónde te llevan, España?

Caricatura de la revista La Flaca, 3 de marzo de 1873.

Caricatura de la revista La Flaca, 3 de marzo de 1873.

Restauración (1876-1923). Dictadura primorriverista (1923-1930). Segunda República (1931-1936). Guerra civil (1936-1939). Dictadura del general Franco (1939-1975). Transición a la democracia (1976-1978). Monarquía parlamentaria (1978 – ?). ¿Sabemos de dónde venimos o se nos ha olvidado?

Éste es el esquema que cualquier colegial español puede conocer de la reciente historia de su patria. Este mismo colegial ha de saber que la CE de 1978, además de ser la Constitución de la concordia y de la reconciliación, quiso bienintencionadamente resolver de forma duradera el recurrente problema español de la organización territorial del Estado, y para ello consagró un amplio y generoso sistema de descentralización política y administrativa. Al modelo de Estado resultante no se le llamó Estado federal para no suscitar viejos resabios. Aunque cambió el nombre por un novedoso “Estado de las Autonomías territoriales”, éste no deja de ser un Estado federal o cuasifederal en su desarrollo y, en algunos casos, cuasiconfederal (Estatut de Catalunya, 2006).

Sin embargo, tras casi cuatro décadas de vida constitucional parlamentaria, ingresados en la Unión Europea de pleno derecho, disfrutando de un sistema político de libertades y garantías jurídicas como nunca se ha tenido, y con un generosísimo reconocimiento de autogobierno político-territorial de los distintos pueblos que componen la nación española, hoy se encuentra el Estado ante un desafío secesionista de primera magnitud, el que están protagonizando formaciones catalanas que hasta ayer, taimadamente, ocultaban su independentismo y colaboraban en la gobernación del Estado. Ello supone la mayor de las deslealtades para con el sistema político que recuperó la libertad y el reconocimiento de la personalidad de todos los pueblos de España. A los nacionalistas no les importa romper uno de los Estados más viejos del mundo.

Las causas de los nacionalismos contemporáneos, que arriesgan con desintegrar la vieja y golpeada Europa, se cree que son la gran recesión de 2007-2008; la crisis de la izquierda europea; la insuficiencia de la derecha para encontrar fórmulas superadoras de aquélla; el abandono atlantista de la presidencia Obama y la política imperialista de un Putin al que no se le pone freno (José A. Zarzalejos, “Escocia, Cataluña y la nueva balcanización de Europa”, ‘El Confidencial’, 18.9.14).

La Cataluña de hoy posee el más amplio régimen de autogobierno político de toda su historia, como las demás Comunidades autónomas españolas. Nunca Cataluña, como entidad política, ha disfrutado de las libertades y competencias de que es titular en la actualidad. Sin embargo, el virus del peor de los nacionalismos, el que el profesor ecuatoriano Rodrigo Borja llama expresivamente “enfermizo” o “morboso”, aquel que antaño fomentó el fascismo o el totalitarismo, está cursando en la Cataluña de nuestros días. La prueba está en que, desoyendo absolutamente todo tipo de requerimiento de las autoridades estatales, que acuden a la literalidad de la Norma Suprema, los partidos nacionalistas, hoy abiertamente secesionistas, desprecian los principios y las reglas del Estado de Derecho (¿sabrán qué es?), contravienen el reparto constitucional de competencias, y aprueban leyes fraudulentas para cobertura de actos frontalmente anticonstitucionales.

Oyendo a los líderes independentistas se le pone a uno los pelos como escarpias. ¿Dónde han estudiado Derecho o Ciencia Política? ¿Qué confianza pueden generar aquellos que en nombre de los “ideales de la nación” cometen las mayores aberraciones políticas y jurídicas?

No podemos terminar este desahogo personal sin añadir -y acusar- que a todo ello han contribuido, por acción u omisión, los diferentes, ingenuos y débiles gobiernos que han ocupado La Moncloa desde 1982. Tenemos el fruto lógico de casi cuatro décadas de componendas cobardes, pactos leoninos con los nacionalistas, tolerancia cortoplacista para dilatar problemas, problemas que hoy se agigantan en forma de rebeldía, secesión, fraude de ley, manipulación de argumentos y agitación de la población crédula para enfrentarla a los ‘otros’ catalanes y, por supuesto, a los ‘españoles’.

España tiene servido, pues, el desafío. No me ha sorprendido. Desde la génesis del anticonstitucional ‘Estatut’ (noviembre 2003) hasta la declaración de inconstitucionalidad por sentencia del TC (2010), una conjunción de errores gubernamentales y excesos nacionalistas han conducido al momento presente.

Ninguna razón asiste a quienes defienden la independencia. Ninguna Constitución ampara un inexistente derecho a decidir, eufemismo de votar la secesión. No existe la democracia sin respeto de la ley, de la ley democrática. Sería el triunfo de la secta, de la tribu, del totalitarismo.

Ningún país de nuestro orbe cultural admitiría la rebeldía de una parte de su territorio ni se desentendería de la población discrepante.

Instrumentos, medidas legales y potestades jurídicas no le faltan al gobierno. Diálogo tampoco.

¿Adónde está dispuesto a llegar el irracional independentismo?

¿Adónde te llevan, España?

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Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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