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¡Abajo el bipartidismo! ¡Viva el caos!

ULISES/El Mundo

ULISES/El Mundo

Escribo bajo las primeras impresiones al conocer los resultados de las ‘históricas’ elecciones generales del 20-D.

La sensación que producen las primeras cifras, las declaraciones de los responsables de los partidos políticos en liza, y hasta el resultado de la primera entrevista entre el presidente del Gobierno en funciones y el primer líder de la oposición, son para inquietar hasta al más templado: la situación política de España en los momentos que vivimos es de lo más inquietante. Diríamos que hasta preocupante. La razón es que de un plumazo ha desaparecido la fiabilidad, la seguridad, la confianza y la estabilidad. Así, ¿hacia dónde vamos?

Algunas fuerzas sociales y políticas se pueden sentir ufanas por colocar a la población española donde ahora está: en la indefinición más supina, ante las incógnitas más irresolubles y ante un panorama político de lo más incierto. Si es esto lo que se quería, enhorabuena: se ha conseguido. El pueblo soberano se ha expresado y su voz en forma de votos ha determinado la composición de unas Cortes Generales tan plurales como ingobernables. Nadie atina a saber quién gobernará, qué pactos serán necesarios, quiénes estarán de acuerdo en firmarlos y qué Gobierno saldrá de este ‘sudoku’ a la española.

No me ha sorprendido que hayamos alcanzado este vértigo ni llegado a los actuales grados de disparates e irracionalidad políticos. Por el camino que íbamos, pronto teníamos que llegar a este reino del dislate y de la inmadurez democrática. Estamos dinamitando un cuantioso y valioso capital político que la generación de la Transición -la denostada Transición- nos dejó a los españolitos del siglo XXI. Y aquí tenemos la tormenta política (y social, económica, etc.) entre nosotros.

Lo anunciamos. ‘Podemos’ está por ganarle la partida a la democracia española y en trance está de conseguirlo. Unos pocos líderes carismáticos, con visos de intelectualidad, fabricados a golpe de programa televisivo y de tertulia macarrónica, con un atracón de teoría marxista mal digerida, intencionadamente disfrazados de corderitos, han sabido jugar la partida y están determinando la política española de nuestros días.

El pueblo ha votado. Ha cumplido con su derecho y deber democrático. Pero la criatura engendrada es un monstruo. El país se ha tornado ingobernable. Todas las componendas no llegan a ningún puerto seguro ni previsible. Nadie acierta a pronosticar cómo resolveremos este problema.

Mientras tanto, los inversores, empresarios y capitalistas suspenden sus proyectos, congelan sus intenciones y esperan a que el panorama se aclare. España en estos momentos bascula entre el modelo portugués (el socialismo sumado a la extrema izquierda arrebata el gobierno a la derecha vencedora en las elecciones), el caso griego (formaciones antisistema domeñadas por la disciplina de la UE) o, peor, el ejemplo venezolano (un caos político, económico y social de difícil desenlace, de dolorosísimo balance para el pueblo, que contó con el asesoramiento de Monedero y compañía).

Ante este escenario, que contempla un dramático panorama de desacuerdo persistente entre el partido conservador y el socialista, hay que reclamar a los líderes de ambas importantes formaciones que tengan en cuenta, como supremo valor, el patriotismo y el sentido y carácter de estadistas. Que sepan que no hay valor superior en la política doméstica que preservar la unidad de nuestra nación. Que cuidar de la integridad y cohesión del Estado es la primera y principal obligación que recae sobre las espaldas del gobernante, pues sin Estado o con su fragmentación (secesionismo) desaparece toda la base, fundamento o razón de ser del papel del representante público. En definitiva, apelamos a la responsabilidad (si se quiere, al patriotismo constitucional), a la generosidad del líder de turno y a la altura de miras de manera que las personas que encabezan los partidos políticos antepongan los intereses colectivos y generales a los propios y los de su partido político. Generosidad, altruismo, sentido de Estado y defensa del bien común.

La hora es inquietante y preocupante. De ‘Podemos’ no debemos esperar más que ruptura, conflicto, revolución, destrucción del Estado, liquidación de los valores y principios de la Transición, empobrecimiento. En definitiva, caos y hambre para todos.

Es la hora de los partidos constitucionalistas, que sensatamente deberán cumplir las exigencias de la UE, los dictados de la economía de mercado, que respetan la libertad y los derechos, el Estado social y democrático de Derecho y que no quieren someter a su pueblo al dolor de la fractura ni a los padecimientos de una economía dislocada.

Al Partido Popular, al Partido socialista y a Ciudadanos les sobran razones y terreno común para entenderse por España y sus conciudadanos. Es la hora del estadista.

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Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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