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La enseñanaza universitaria que tenemos

AULA-UNIVERSITARIAEnseñanza y Universidad son dos importantes conceptos interrelacionados. Son dos polos muy sensibles del debate social. La enseñanza y el papel de la Universidad acaparan mucha atención y son, en efecto, temas muy atractivos para opinar.

Frecuentemente nos preguntamos por la calidad de la enseñanza, de capital importancia social. Nos preguntamos si la enseñanza que se imparte es adecuada para formar a ciudadanos, ante la enorme tarea y los fuertes retos que los titulados van a tener por delante.

Cuando el foco se traslada a la institución de la Universidad, nos planteamos si ésta forma o no a buenos profesionales, o, como dijera hace años el conocido sociólogo Amando de Miguel, es una simple fábrica de expendición de títulos.

Todas estas reflexiones vienen a cuento de la noticia que, sobre el particular, ha aparecido recientemente en la prensa. La noticia, para que ustedes puedan juzgarla, dice: “Los estudiantes de la Universidad de Granada que cursen enseñanzas oficiales de grado [Es decir, las antiguas Licenciaturas] tendrán [lean bien] una séptima oportunidad, una nueva convocatoria llamada “de gracia” con carácter extraordinario, que les permitirá examinarse y tener opción de aprobar como máximo dos asignaturas pendientes, pese a haber agotado ya las seis convocatorias anteriores”. Hasta aquí la noticia. Ahora nuestro comentario.

Primeramente digamos que la convocatoria “de gracia” (yo no sé si sería más adecuado llamarla “de desgracia”) no es algo nuevo. Como profesor universitario, he tenido durante lustros a alumnos de los de la séptima convocatoria, todos muy cariacontecidos, por cierto.

Desde el punto de vista de la calidad de la enseñanza universitaria, cómo es posible que un plan docente universitario y el sistema de valoración de conocimientos acepten que un aspirante a ejercer una profesión suspenda ¡seis veces! una asignatura, y que, para no incomodar a las huestes estudiantiles, el rector otorgue una séptima convocatoria de propina. Como dicen los ‘modernos’, es muy fuerte.

Es muy fuerte contemplar el caso de un estudiante, un mal estudiante, que ocupa un puesto escolar en una Universidad pública (con el costo que supone, nunca sufragado con el importe de la matrícula) que se presenta ¡seis veces! a examen de una asignatura porque no supera la prueba. Y todavía se le reconoce un séptimo examen.

Hacen falta siete veces para demostrar, ¿qué? O dicho de otro modo: ¿Cuántas oportunidades hacen falta para convencernos de que ese estudiante no es merecedor de disponer de un puesto escolar pagado con los impuestos de los contribuyentes?

¿Ustedes se dejarían operar por un cirujano que hubiera suspendido seis veces “Quirúrgica I y II”?

Si supieran que el comandante del avión que han tomado se presentó siete veces a la prueba para piloto, ¿harían el vuelo con tranquilidad o cruzarían los dedos?

Pues eso.

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Autor del artículo: José Torné-Dombidau Jiménez

Presidente y socio fundador del Foro para la Concordia Civil. Profesor Titular de Derecho Administrativo por la Universidad de Granada.

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